Opinión

"Aprender a envejecer con sentido puede enseñarnos, a cualquier edad, algo todavía más importante: a vivir con sentido"

"Una sociedad que envejece necesita cuestionarse qué lugar da a las personas mayores y desde dónde las mira"

thumb

Maite Pérez Araluce

Publicado el 01/10/2026 a las 05:00

En Navarra viven 140.000 personas mayores de 65 años, un 20,7% de nuestra población, y se estima que en 2038 alcanzarán el 25,7%. Son cifras que hablan de una sociedad cada vez más longeva y que nos invitan a preguntarnos no solo cómo afrontar el envejecimiento, sino también cómo queremos vivirlo. Vivir más es uno de los grandes logros de nuestra sociedad, pero trae consigo una pregunta que no siempre nos hacemos: ¿qué hace que esos años sigan teniendo sentido? Una sociedad que envejece necesita cuestionarse qué lugar da a las personas mayores y desde dónde las mira. Si las vemos únicamente desde sus necesidades, sus limitaciones o aquello que ya no pueden hacer, corremos el riesgo de dejar fuera una parte esencial de quienes son y de lo que sigue dando sentido a sus vidas. 

Cuando hablamos de envejecimiento, tendemos a hacerlo en términos de salud, autonomía o ausencia de enfermedad. Nos preocupa, razonablemente, cómo vivir más años y hacerlo en las mejores condiciones posibles. Sin embargo, quizá necesitemos ampliar la mirada. Porque vivir bien no depende únicamente de cuánto vivimos ni de las capacidades que conservamos, sino también de aquello que hace que nuestra vida siga siendo significativa. Viktor Frankl situó la búsqueda de un “para qué” en el centro de su reflexión sobre el sentido de la vida. Y esa necesidad no desaparece con los años: hemos alcanzado metas y cerrado etapas, pero seguimos necesitando razones para mirar hacia delante. Ese “para qué” puede acompañarnos toda la vida, aunque la forma de vivirlo cambie con los años. Cambian nuestras circunstancias, nuestras capacidades y también nuestra manera de mirar lo que verdaderamente importa. Por eso, al pensar en las personas mayores, es importante no perder de vista aquello que sigue siendo importante para cada una, reconocer sus propósitos y respetarlos, aunque no siempre sean comprendidos o compartidos por los demás. También necesitamos sentir que nuestra vida tiene valor. Con frecuencia tendemos a asociar ese valor con la autonomía, con poder seguir haciendo las cosas por nosotros mismos. La autonomía importa, pero no debería convertirse en la medida del valor de una vida. 

Nuestras capacidades pueden cambiar, podemos necesitar ayuda o dejar de hacer determinadas cosas, pero eso no hace que nuestra vida sea menos valiosa. Lo que somos no se reduce a lo que podemos hacer de manera autónoma. Seguimos teniendo deseos, tomando decisiones, formando parte de la vida de otros y teniendo mucho que dar. Reconocer el valor de una persona implica, por tanto, mirar más allá de sus capacidades y de aquello que puede o no puede hacer por sí misma. A todo ello se suma nuestra historia. Envejecer supone acumular experiencias, decisiones, pérdidas, afectos, logros y dificultades. Poder mirar lo vivido, integrarlo y reconocernos en ello, forma parte de nuestra identidad. Somos también aquello que hemos vivido, las personas que hemos querido, lo que hemos dado y lo que hemos recibido. Y esa historia nunca es únicamente nuestra. Está entrelazada con muchas otras. Somos hijos, padres, abuelos, amigos, vecinos, compañeros. Buena parte de lo que somos y de lo que da sentido a nuestra vida nace y se sostiene en esas relaciones. Por tanto, uno de nuestros grandes desafíos es no conformarnos con añadir años a la vida, sino preguntarnos qué hace que esos años continúen teniendo sentido. Y esta reflexión no pertenece únicamente a la vejez. Las personas mayores nos recuerdan que el sentido no depende solo de lo que hacemos ni de cuánto podemos hacer. También está en aquello que nos mueve, en reconocer el valor de nuestra vida, en la historia que hemos construido y en los vínculos que nos sostienen. Aprender a envejecer con sentido puede enseñarnos, a cualquier edad, algo todavía más importante: a vivir con sentido.

Maite Pérez Araluce. Investigadora de la Cátedra IDEA de Nuevas Longevidades del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora