Opinión
La ventaja competitiva se construye

Publicado el 29/09/2026 a las 05:00
La competitividad de una región determina su capacidad para prosperar. Una región competitiva es aquella que consigue atraer y retener empresas, inversiones, personas y talento; que facilita la creación de empleo de calidad, eleva la productividad y ofrece un entorno favorable para desarrollar proyectos empresariales y personales.
En una economía abierta, los territorios compiten entre sí. Las empresas comparan la fiscalidad, la disponibilidad de trabajadores, el coste y la garantía del suministro energético, las infraestructuras, el acceso al suelo, la seguridad jurídica o el tiempo necesario para poner en marcha una inversión. Las personas valoran también las oportunidades profesionales, la vivienda, los servicios públicos y la calidad de vida. Y, como es obvio, las decisiones políticas pueden reforzar las ventajas de una región o deteriorarlas lentamente.
Esto último debería preocuparnos especialmente en Navarra. Durante décadas, nuestra Comunidad ha ocupado posiciones de liderazgo económico y social en España. Era una referencia por su crecimiento económico, su industria, su empleo, su renta por habitante, sus servicios públicos –sanidad, educación…- y su capacidad para atraer proyectos empresariales. Sin embargo, en los últimos años hemos ido perdiendo posiciones en distintos indicadores. Navarra ya no lidera como antes, crece en numerosas ocasiones por debajo de otras regiones y ofrece síntomas de menor dinamismo inversor y empresarial.
No estamos ante un hundimiento repentino, sino ante algo quizá más peligroso: un deterioro gradual que puede pasar inadvertido. Cada año se pierde una pequeña parte de la ventaja acumulada, mientras otros territorios avanzan con mayor rapidez. Es una tendencia lenta, pero persistente, hacia el empobrecimiento relativo. Navarra sigue siendo una comunidad próspera, negarlo sería una imprudencia, pero vivir de las rentas del pasado mientras los demás mejoran conduce inevitablemente a dejar de serlo.
Por eso debemos observar lo que hacen con éxito otros territorios y aprender de las experiencias que funcionan. Y todavía más obvio, debemos recordar lo que hicimos bien en el pasado cuando, gracias al Plan de Desarrollo Industrial de Félix Huarte y de Miguel Javier Urmeneta, pasamos de ser, en pocos años, de una región eminentemente agrícola a una potencia industrial. Yo tuve la fortuna de empezar mi carrera empresarial en Navarra en aquellos años 60 y pude observar de primera mano, cómo se hacían las cosas. Después he profundizado más en el tema de la competitividad regional: durante años he presidido el comité que sobre este asunto creó el Círculo de Empresarios, tuve luego el honor de participar como experto en el Plan Moderna, y he seguido, desde Institución Futuro, las distintas iniciativas que sobre este crucial asunto, han ido desarrollando los distintos Gobiernos de Navarra. Pues bien, déjenme decirles que he llegado a la conclusión que de que el problema está razonablemente identificado por el actual Gobierno de Navarra, que existen planes y presupuestos que pretenden mejorar nuestra competitividad, pero que lo que falta es gestión de los mismos. En otras palabras, capacidad de ejecución, como en su día la tuvimos cuando Luis Doria y Joaquín Gortari, y prácticamente nadie más, gestionaron el día a día del Plan de Desarrollo Industrial, con la óptica y la agilidad de una empresa privada.
Y es así porque su principal mérito fue el abordar el desarrollo económico con una estrategia coordinada. Preparando con antelación suelo industrial, accesos, suministros y documentación ambiental y geotécnica para reducir el tiempo y la incertidumbre de las inversiones. Además, coordinando a las autoridades estatales y locales, a los proveedores de energía, a los centros de formación y manteniendo un dialogo permanente con los responsables de las empresas. No esperaban a que llegase un proyecto para comenzar a resolver sus necesidades: las anticipaban, estaban preparados, sabían lo que los inversores les iban a demandar, y se adelantaban a las mismas. Esta forma de actuar es lo que hoy necesita Navarra. Además de lo que se posee, es importante lo que se hace: crear las condiciones para que las ventajas que ya se tienen generen más oportunidades. Nuestra Comunidad posee muchos de los elementos necesarios para situarse entre las regiones más competitivas de Europa. Cuenta con una importante base industrial –mucha de ella exportadora-, empresas tractoras, una sólida red de pymes, universidades, centros tecnológicos, formación profesional y un régimen foral que proporciona instrumentos propios de política económica y fiscal. Además, la Comunidad foral dispone de experiencia en sectores como la automoción, la agroalimentación, las energías renovables, la salud, la maquinaria o la industria avanzada. Su pequeño tamaño puede facilitar la coordinación y permitir una relación cercana entre la Administración, las empresas y los agentes del conocimiento.
Tenemos, por tanto, muchos mimbres, pero no soy ingenuo: también tenemos carencias graves, como son las infraestructuras –Canal de Navarra, Alta Velocidad, redes eléctricas-. Nuestra fiscalidad, que antaño fue una ventaja competitiva, ahora la hemos convertido en una rémora. Y lo peor de todo, hemos creado una Administración elefantiásica, una inmensa burocracia, que además de cara, esta demostrando una falta total de eficacia para ejecutar los planes, y que tampoco se responsabiliza de los malos resultados. Estoy todavía esperando que alguien valore lo conseguido en relación con las métricas objetivas que se establecieron cuando se formularon los Planes, y sobre todo, que se haga responsable de los pobres resultados. Las ventajas competitivas no se heredan: se construyen. Navarra posee industria, conocimiento, talento, autonomía y calidad de vida. Tiene muchos de los mimbres necesarios. Lo que necesita es actuar antes de que ese deterioro lento de nuestra competitividad resulte mucho más difícil de revertir. Sabiendo que el problema no es de Planes y de Presupuestos, sino de prioridades, talento y gestión.
Miguel Canalejo Larrainzar. Empresario y miembro del think tank Institución Futuro