Opinión

"La próxima vez que un gurú anuncie que una aplicación va a extinguir la raza humana, preocúpense, pero respiren. Ya estuvimos allí. Alguien teme perder su negocio"

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Jose Murugarren

Publicado el 28/09/2026 a las 19:00

Cada semana hay un gurú que advierte de que la Inteligencia Artificial va a extinguirnos. Se pasean por los platós vaticinando que un programa informático superinteligente nos esclavizará antes de que acabe la década. Estos modernos heraldos de las tinieblas recuerdan a tiempos oscuros. Hubo reverendos medievales que se echaban las manos a la cabeza augurando que si aceptábamos que la Tierra se movía, el orden moral se desintegraría, las almas arderían en el infierno y la sociedad colapsaría. El miedo siempre vende el mismo formato: si el ser humano sabe demasiado, alguien vendrá a castigarlo. Hace cuatro siglos, la amenaza eran tipos como Copérnico o Galileo. Individuos peligrosísimos que pretendían salvarnos de la ignorancia a base de lentes de aumento, matemáticas y observación.

Hoy, el pánico es al revés: no nos asusta el conocimiento que está ahí afuera, sino el que somos capaces de producir en una aplicación informática. El miedo nunca solucionó un problema de física, ni de la vida. A Galileo no lo encerraron para proteger a la humanidad, sino para salvaguardar el negocio de los que gestionaban el invento.

La Inteligencia Artificial no ha caído del cielo como si fuera un meteorito. La hemos programado nosotros. Y es ese conocimiento, esa misma herramienta que la Inquisición quiso quemar en la hoguera, lo único que va a permitirnos meter en cintura a la máquina. No necesitamos sumisión, ni censura, ni prohibiciones medievales de tecnófobos asustados. Necesitamos ciencia, regulación que modere y cordura. No para defendernos de humanoides asesinos de película, sino para evitar que un puñado de empresas concentre el poder, cometa abusos éticos impunes y nos arrebate el control humano sobre las decisiones críticas de nuestras vidas.

La próxima vez que un gurú anuncie que una aplicación va a extinguir la raza humana, preocúpense, pero analicen sosegadamente. Respiren. Ya estuvimos allí. Alguien teme perder su negocio. El mundo iba a acabarse cuando dijimos que la Tierra orbitaba alrededor del Sol, cuando inventamos la imprenta, reclamamos el voto femenino del que los agoreros anunciaron que iba a vapulear a la familia tradicional, el gramófono iba a terminar con la música en vivo... Y qué momento cuando los 'sabios' de la época aseguraron que el uso del teléfono volvería loca a la población por escuchar voces incorpóreas. Más mesura. Andamos escasos de Galileos y sobrados de hogueras e incendiarios.

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