Opinión
"Oigo lo que dice de sus alumnos un profesor universitario: vienen peor preparados que nunca, pero con las mejores notas de siempre"

Publicado el 05/09/2026 a las 05:00
Esta semana se van a juntar el inicio del curso escolar y la difusión de los resultados del último informe PISA, la herramienta que mide el nivel educativo en los países de la OCDE. La coincidencia se traduce en dos variantes del nerviosismo: el de los alumnos inquietos ante la ‘rentrée’ y el de los administradores temerosos de que una mala nota los ponga en apuros.
Como últimamente la cosa no pinta bien, a juzgar por los diagnósticos menos técnicos pero más a pie de aula que proporciona la accidentada vida colegial, algunas autoridades educativas se han anticipado a minimizar los daños con medidas caseras. En Euskadi, que en la edición anterior había obtenido los peores resultados de su historia, los centros evaluados han pasado de 177 en 2009 a 56 en 2025, lo que reduce la muestra de alumnos a menos de la mitad. Situarse por debajo del límite fiable tiene la doble ventaja de poder rechazar el resultado en caso adverso y exprimirlo propagandísticamente en caso favorable.
Un truco similar aplicó en Cataluña la Consejería de Educación, que decidió descartar a un 23% de los seleccionados para la muestra apelando a razones lingüísticas, de discapacidad o de inadaptación. Los estándares de la OCDE no permiten más del 5%, y solo en casos extraordinarios. Hasta ahora, el récord de excluidos de la prueba lo ostentaba Dinamarca, con un 11%. Como en aquellas visitas del inspector a la escuela de nuestros padres, esconder a los peor dotados evita situaciones comprometidas.
Tengo delante una viñeta de El Roto que muestra un avión en vuelo de cuya cabina salen unas voces. "¡Capitán, estamos perdiendo altura!", dice una. "¡Bajad el suelo!", responde la otra. La orden sonará familiar al conocedor del sistema educativo, donde maquillar resultados empieza a ser algo habitual. No hay problema que no quede resuelto, o al menos aplacado, con una oportuna subida de notas, esa modalidad académica de la negación de la realidad.
La inflación calificatoria es bálsamo para los conflictos en el aula, técnica de márquetin entre centros, escapatoria para el docente acosado y garantía de paz y sosiego para todos. Pero tiene sus contrapartidas. Oigo lo que dice de sus alumnos un profesor universitario: vienen peor preparados que nunca, pero con las mejores notas de siempre.