Opinión
Ceuta y Melilla: la disuasión que España no puede aplazar

Publicado el 01/09/2026 a las 05:00
Recordando la ‘Marcha Verde’ en el año 1975 con 350.000 civiles avanzando hacia el Sáhara, el representante marroquí permanente en Naciones Unidas ofreció una muestra más de hostilidad pidiendo la inclusión de los territorios de Ceuta y Melilla así como los peñones de Alhucemas y Vélez de la Gomera y las islas Chafarinas fueran examinados por su supuesta situación colonial.
Ceder al chantaje de la “Marcha Verde” sentó las bases para que Marruecos siga instigando en la frontera y reivindique Ceuta y Melilla. Y por eso, cuando se habla de la dos ciudades autónomas, no se puede contemplar el problema únicamente desde la perspectiva de los tratados, de la diplomacia o de las declaraciones políticas.
La historia demuestra que, cuando un Estado percibe debilidad en el adversario, puede intentar modificar la realidad sobre el terreno utilizando métodos que se sitúan deliberadamente en esa peligrosa frontera entre la presión política y la agresión. Cincuenta años después de entregar el Sáhara, parece que España aún no ha aprendido aquella lección.
Recientemente, el que fuera jefe del Estado Mayor de la Defensa, teniente general Fernando Alejandre, señalaba refiriéndose a la situación actual en Ceuta: España ha sido atacada con una acción propia de guerra híbrida, con un ataque o invasión (nunca crisis), a la que le falta el propietario o el actor intelectual.
El Gobierno de Sánchez no tardó en acusar como responsable de la acción a las “redes” o al crimen organizado, sin que haya tenido arrestos de acusar al reino alouita como autor de que Ceuta haya sido ocupada por setenta u ochenta mil invasores y de los que a día de hoy no menos de ocho mil permanecen en España. Nadie se ha atrevido a afrontar la realidad de tener por el sur a un socio desleal con un conflicto territorial abierto, una ideología nacionalista e irrendentista que jamás va a abandonar su idea del Gran Marruecos.
El problema geopolítico y de sometimiento al Majzén es del Gobierno español, después de haber cedido el Sáhara, sin saber todavía por qué y quién influyó. Actualmente, la posición geopolítica de España, contraria a Estados Unidos e Israel, no iba a salirle gratis a Pedro Sánchez. En abril de 2026 se presentaron de manera paralela en el Senado y en el Congreso de EE.UU dos proyectos presentados por los republicanos Díaz Balart y Ted Cruz que ponen en cuestión la soberanía de España sobre Ceuta y Melilla, hablando de territorios de Marruecos administrados por España.
En los citados proyectos se instaba al secretario de Estado, Marco Rubio, a que avance en negociaciones con Marruecos y España, acerca de la soberanía de los territorios españoles. Una posición que se hizo evidente después de que España negara el uso de las bases de Rota y Morón en el conflicto con Irán. Pensar que en Ceuta se da una crisis emigratoria y no un acto hostil de guerra híbrida por parte de Marruecos y Estados Unidos, es casi un acto de traición a la soberanía española. Tampoco se debe olvidar la visita de Pedro Sánchez el pasado mes de julio a Argelia, visita que siempre incomoda a Marruecos.
Ante la amenaza cada vez más evidente por parte del vecino del sur, las Fuerzas Armadas españolas, tienen tres pilares para presentar cara al reino alouita: prevención, disuasión y respuesta militar. Dado que la prevención hasta la fecha no ha dado resultado y que la respuesta militar nunca es una solución de primer orden, la disuasión parece la herramienta más acorde dada la gravedad del problema, ya que la misma no consiste en desear la guerra, sino precisamente en impedirla y que su finalidad es convencer al adversario de que los beneficios de una agresión serían muy inferiores a sus costes.
España, debería disponer en Ceuta y Melilla de una arquitectura defensiva moderna: vigilancia permanente, inteligencia, drones, medios de guerra electrónica y capacidades de precisión capaces de neutralizar una amenaza militar. Y Marruecos debe saber, que una agresión tendría consecuencias difíciles de controlar por parte de ellos. Madrid debe establecer con claridad una línea roja con el mensaje claro de que Ceuta y Melilla son España y que cualquier intento de alterar por la fuerza su soberanía, tendrá una respuesta militar inmediata y contundente
dentro del derecho internacional y que si fracasa la diplomacia, la fuerza puede ser una petición.
Después de no haber sacado conclusiones de la “Marcha Verde” y recordando la imagen de miles de personas avanzando hacia una frontera, con la consiguiente presión política y psicológica, no se puede esperar a que se repita otra situación semejante, para decidir qué hacer. La mejor manera de evitar una nueva “Marcha Verde” es no esperar a que comience y conseguir que nadie se atreva a iniciarla. Como señaló Theodore Roosevelt : “Habla suavemente y lleva un garrote”
Joaquín Garro Domeño. Doctor en Seguridad Internacional.