Opinión

La seguridad digital no es negociable

"La protección del menor en redes sociales debe ser una obligación ineludible para que Meta añada controles sin fecha de caducidad tras admitir sus malas prácticas"

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Editorial DN

Publicado el 31/08/2026 a las 05:00

El acuerdo extrajudicial por el que Meta se compromete a pagar 17.100 millones de dólares para dar carpetazo a las demandas de 52 fiscales generales de EE UU, que le acusaban de generar deliberadamente contenidos adictivos para menores en sus redes sociales, constituye un hito histórico en la deseable regulación de las grandes empresas tecnológicas. La presión ha obligado a claudicar al gigante que maneja las plataformas Facebook, Instagram y WhatsApp, entre otras, aunque ha logrado mantener una fecha de caducidad en algunos controles asumidos ahora para mejorar la protección digital entre niños y adolescentes. El emporio ha cedido para evitarse una sentencia que le hubiera costado con toda probabilidad un castigo mucho mayor. El pacto supone también un reconocimiento implícito a años de malas prácticas, a diseños de algoritmos y contenidos a sabiendas de que eran nocivos para la estabilidad emocional de los más jóvenes. 

Poner en el foco herramientas como el scroll infinito, los likes y las notificaciones constantes no sólo sirve para identificar por qué se pueden enganchar los menores a consumos digitales abusivos y de riesgo. Sirve de llamada de atención a sus familias y tutores para que sean conscientes del universo que ponemos en manos de nuestros hijos cuando les facilitamos una pantalla y la enchufamos a la red. Resulta oportuna la reacción de la Comisión Europea al exigir que las medidas que Meta se compromete a añadir sean permanentes y no parches temporales que abran nuevos espacios a la impunidad. La protección de los menores expuestos no es negociable. En este pleito, la Justicia de Estados Unidos ha prevalecido por encima de la presión de las oligarquías tecnológicas y sus estrechos vínculos con Donald Trump. La industria digital del entretenimiento tiene que asumir que sus productos deben cumplir con rigor al menos las mismas garantías que otros artículos de consumo básico, si quiere conservar la confianza del usuario. Ningún modelo de negocio puede situar su propio beneficio sobre el bienestar de los demás.

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