Opinión

De entrar en Europa a tener que construirla

"Fundación Diario de Navarra y Equipo Europa entregan el Premio Internacional Navarra Puerta de Europa a Joaquín Almunia y Maria Luís Albuquerque"

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Delia Dinca

Publicado el 28/08/2026 a las 05:00

Cuarenta años después de la entrada de España y Portugal en la entonces Comunidad Económica Europea, Pamplona reúne hoy dos generaciones de esa historia. La Fundación Diario de Navarra y Equipo Europa entregan, en el marco de los Cursos Europeos de Verano, el IV Premio Internacional Navarra Puerta de Europa a Joaquín Almunia y Maria Luís Albuquerque, un socialdemócrata español y una representante portuguesa del Partido Popular Europeo que encarnan dos trayectorias y dos tradiciones políticas distintas. Almunia pertenece a la generación que contribuyó a levantar buena parte de la Europa actual, mientras Albuquerque trabaja sobre algunas de sus piezas pendientes. Reunirlos en un mismo reconocimiento cobra especial sentido en un momento en que los espacios de entendimiento resultan menos evidentes, también para una organización como Equipo Europa, que hace del debate entre sensibilidades políticas distintas una forma de seguir construyendo Europa. 

La Europa a la que llegaron España y Portugal en 1986 era muy distinta de la actual. La Comunidad tenía doce miembros y el mercado interior era todavía un proyecto. Apenas unas semanas después se firmaría el Acta Única Europea, que fijó 1993 como horizonte para eliminar las barreras a la libre circulación. No existían la Unión Europea, el euro ni el Banco Central Europeo, y España no entraría en Schengen hasta 1991. En las cuatro décadas siguientes, no solo se transformaría Europa; también lo haría el lugar de España y Portugal dentro de ella.

Joaquín Almunia, reconocido hoy con el Premio Navarra Puerta de Europa, había conocido esa Europa incluso antes de la adhesión española. Entre 1972 y 1975 trabajó allí como economista para las Cámaras de Comercio españolas, siguiendo decisiones en las que su país todavía no tenía voz ni voto. Cuando España ingresó en la Comunidad Económica Europea, llevaba ya más de tres años como ministro de Trabajo con Felipe González. Regresó a Bruselas en 2004 desde una posición muy distinta, primero como comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, desde donde afrontó el estallido de la crisis financiera, y después como vicepresidente de la Comisión y responsable de Competencia hasta 2014, una de las áreas en las que la Unión ejerce de manera más directa su poder económico. Su regreso hoy a Pamplona prolonga además una relación estrecha con Equipo Europa y con unos Cursos Europeos de Verano que ha acompañado desde sus primeras ediciones.

En Maria Luís Albuquerque, el premio reconoce una generación posterior de esa misma historia. Tenía 17 años cuando Portugal firmó el Tratado de Adhesión y ha desarrollado prácticamente toda su trayectoria adulta con su país dentro de las instituciones europeas. Como ministra de Finanzas entre 2013 y 2015 le correspondió gestionar la fase final del programa de asistencia financiera y la salida de la troika. Una década después llegó a Bruselas como comisaria de Servicios Financieros y de la Unión de Ahorro e Inversión, una responsabilidad que trae hoy a Pamplona otro de los grandes debates económicos de la Unión. Europa dispone de un enorme volumen de ahorro, pero todavía tiene dificultades para convertirlo en inversión capaz de impulsar el crecimiento de sus empresas. Su propuesta de que cualquier ciudadano pueda empezar a invertir incluso con diez euros resume una ambición mucho mayor, la de superar la fragmentación de unos mercados financieros en los que todavía pesan las fronteras nacionales.

Ahí se cruzan las trayectorias de Almunia y Albuquerque, no tanto por sus biografías como por los problemas económicos europeos que les ha correspondido afrontar. Almunia llegó a la Comisión con una moneda única todavía joven y terminó gestionando una crisis que puso a prueba el euro y el mercado interior. Albuquerque trabaja dos décadas después sobre una debilidad diferente, la fragmentación financiera que frena el crecimiento de las empresas europeas y dificulta que bancos y mercados alcancen la escala de sus competidores estadounidenses o chinos. Si a Almunia le correspondió preservar la competencia y la unidad del mercado durante la crisis, a Albuquerque le toca avanzar en su integración para aprovechar mejor su dimensión continental. Entre ambos momentos cambió también la posición de sus países. España y Portugal pasaron de incorporarse a reglas negociadas antes de su llegada a participar en las decisiones que dieron forma a Maastricht, Schengen o el euro. De tener que adaptarse a Europa pasaron también a tener que construirla. Ese recorrido desemboca hoy en un desafío distinto, marcado por la guerra en Ucrania, la competencia con Estados Unidos y China y las crecientes necesidades de inversión en defensa, energÍa y tecnología. Muchas de las grandes estructuras de la integración ya existen, pero necesitan recursos y capacidad de decisión para responder a un entorno más exigente. Al mismo tiempo, la construcción europea sigue abierta, como muestra Islandia, que este sábado votará si quiere reabrir las negociaciones de adhesión abandonadas hace más de una década. Mientras unos vuelven a preguntarse si quieren entrar, España y Portugal, cuarenta años después, deben decidir qué Europa quieren seguir construyendo.

Delia Dinca es presidenta de Equipo Europa.

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