Opinión
"Lo enterraron en Burdeos, y al tiempo se exhumó su cuerpo para llevarlo a Zaragoza, pero le faltaba la cabeza. No se sabe que pasó con ella"

Publicado el 23/08/2026 a las 19:00
Vimos en el museo Bonnat de Bayona, que han remozado a fondo, un pequeño cuadro de Goya, un autorretrato con gafas, lo llaman, en el que se le ve serio, mirando algo. Es una pintura de 1800, Goya está en el cenit de su fama, es pintor de la corte, está lleno de encargos, pero se le ve taciturno, quizás porque se está volviendo sordo y distanciando del mundo, como si no lo entendiera. Se diría que es ya el pintor de los desastres de la guerra, los fusilamientos y las pinturas negras. Se parece algo a Beethoven, otro sordo genial.
Años después, en 1828, Goya se exilió en Burdeos para escapar del absolutismo de Fernando VII, ese rey terrible. Tenía 80 años, pero no dejó de trabajar, al revés, fue un momento muy creativo. No es el único caso en que ocurre algo así. A los 80 un artista no persigue ya nada, está lleno de experiencia vital, no quiere hacer carrera, y solo se mide con la eternidad. Tener un objetivo, una tarea, se demuestra siempre, es lo que más alarga la vida y la llena de sentido.
En Burdeos Goya encontró buenos amigos, liberales huidos la mayoría, afrancesados, con lo que tomaba chocolate y hablaba de España. Algo parecido a lo que haría Unamuno años más tarde desde Hendaya. España ha sido cruel con muchos de sus mejores hijos, ahora mismo recordamos a Lorca, cuya muerte brutal todavía da escalofríos.
En Burdeos Goya se dedicó a cosas nuevas: litografías, miniaturas, y pintó ese cuadro raro que es La lechera de Burdeos, que parece ya impresionista. El museo Bonnat tiene una colección magnífica: Boticcelli, Ingres, Sorolla, el Greco etc. pero termina en el impresionismo, no sigue más allá, lo que es una señal, pues es sabido que a partir de ese momento el Arte se acaba, se vuelve otra cosa. Azúa lo explica muy bien.
Parece que Goya murió al caer de la escalera de su casa. Lo enterraron en Burdeos, y al tiempo se exhumó su cuerpo para llevarlo a Zaragoza, pero le faltaba la cabeza. No se sabe que pasó con ella. Esa cabeza pensativa y tremenda, con esa mirada tras las lentes, con la que sigue en Bayona.