El rincón
Chivite, tocada pero no hundida: la suerte de pasar de puntillas
La política navarra vela armas para el inicio del curso definitivo, el de las elecciones forales


Publicado el 22/08/2026 a las 19:00
La presidenta María Chivite está tocada por la suerte en este verano. Tras el ‘annus horribilis’ que ha surfeado a trompicones desde el estallido del escándalo Cerdán por presunta corrupción, Navarra está pasando este verano de puntillas por los focos de la nueva actualidad nacional. Los grandes incendios forestales sólo nos han rozado en el Pirineo roncalés (crucemos los dedos), no ha temblado la tierra como en Granada y, sobre todo, no hemos sufrido una invasión migratoria organizada como en Ceuta.
Colapso en Ceuta. Pero las réplicas sí que nos llegan. Ceuta sufrió hace casi un mes un asalto por parte de 80.000 migrantes permitido por Marruecos en una ciudad que tiene otros tantos miles de habitantes. Una auténtica invasión. Es como si penetran en el término municipal de Pamplona 200.000 personas sin recursos y todas de golpe. Exactamente eso. Ha ocurrido sólo a 900 kilómetros al sur de la Plaza del Castillo, en la frontera sur de la UE.
La mayoría de las personas fueron devueltas poco después, pero hay miles todavía en las calles y playas, incluidos al menos 2.200 menores no acompañados censados. Y más de un centenar de migrantes muertos han quedado a la deriva, en una macabra consecuencia de esta turbia jugada geopolítica de altos vuelos que buscaba poner a España contra las cuerdas.
Marruecos lo ha conseguido. Y la situación evidencia un enorme fracaso del Estado. Para empezar, por no haber evitado el asalto. La primera obligación de un Estado es defender sus fronteras y el Gobierno no ha sabido hacerlo. Y después, por una gestión desbordada, errática y muy lenta del enorme drama desatado. El de los ceutíes sobrepasados, asustados, pidiendo ayuda y medios que llegan a cuentagotas y el drama humanitario de los migrantes acampados en las playas durante semanas.
El presidente Pedro Sánchez sigue de vacaciones encerrado en La Mareta, en Lanzarote, lo que evidencia lo fuera que vive de la realidad y su total falta de reflejos ante este ataque a la integridad territorial de España según sus propias palabras.
Abordar en serio el debate. Claro que tras el asalto llega la bronca política. La inmigración se ha convertido en tema central de la política española y europea. Y va a más. Y no sólo porque la extrema derecha haya hecho bandera excluyente del desafío (que también). Sino porque es un debate que ha escalado en las preocupaciones del conjunto de la opinión pública. Es de necios no verlo. Aquí, en Alemania, en Dinamarca, en Francia o en Italia.
Y toca mirarlo de frente antes de que explote de verdad. En serio. Con argumentos y con datos. No sólo descalificando al de enfrente con un PSOE que ahora llama racista a todo el que no piense como él. Nuestra sociedad necesita la inmigración, claro que sí, pero necesitamos ordenarla. No se puede producir a golpe de regularizaciones extraordinarias ni de acoger a todo el que ha atravesado irregularmente las fronteras en un salto masivo. La UE, además, nos lo está recordando cada día.
Aquí aparece el colapso de Ceuta. El regreso a sus casas de quienes irrumpieron en la ciudad debe ser la gran prioridad. Lo ha reconocido España, también Marruecos y la UE. Incluido el regreso de los menores con sus familias en Marruecos. Nadie a pie de calle entiende el laberinto legal que lo impide. Tenemos una ley de Extranjería muy garantista, sí, pero que no está pensada para aluviones masivos y que naufraga a la hora de responder en estas condiciones. No hay medios ni recursos para aplicarla, pero ahí estamos. Claro que debe ser compatible en un país digno con el respeto y la sensibilidad hacia los más vulnerables. Pero no puede paralizar la respuesta y la defensa del Estado ante avalanchas migratorias instigadas.
El nuevo curso electoral. El agrio debate político que se ha abierto tras este asalto marca el verano y el arranque del curso, seguro. Y nos va a pillar de lleno. En cualquier caso, la tregua veraniega está pronta a su fin. La política en Navarra vela armas en agosto para el reinicio de curso. Va a ser el decisivo, el de las elecciones de mayo del 27 para renovar el Gobierno de Navarra.
Chivite, tocada pero no hundida, confía en la desmemoria colectiva, en una oposición dividida y que no levanta pasiones y en ser la única tabla a la que agarrarse por parte de la extrema izquierda y el nacionalismo para conservar el poder. Pero sabe que el ciclo político ha girado en toda España a la derecha y que su debilidad se la puede llevar por delante. El auge de los extremos marca la política que está por llegar. Sobre todo el de Bildu en la izquierda abertzale, pero también el de Vox. Y a estas alturas, oh paradoja, su mayor adversario es el que ella ha ayudado a robustecer. Una izquierda abertzale en alza, blanqueada por el PSN a la que se le ha regalado la credibilidad social y el poder que necesitaba (Pamplona) y que hoy acaricia el sorpasso de un socialismo en horas bajas.
Y con las mismas preocupaciones en la calle que antes de verano. La dificultad de llegar a fin de mes con la subida de la cesta de la compra. Las listas de espera que lastran la atención sanitaria. La odisea de encontrar una vivienda asequible. Y, por supuesto, la sombra de la corrupción, que no sólo no se ha despejado sino que, al revés, sigue el camino judicial, lento pero inexorable. Ahora con la UCO en las obras de Belate. Vaya regreso de curso. Todos los problemas de junio y uno más.