Opinión

Un presidente fugado en Costa Teguise

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Manuel Pulido

Publicado el 20/08/2026 a las 05:00

Hace más de un siglo, en 1924 el gran Miguel de Unamuno fue confinado en Fuerteventura por sus criticas a la dictadura del General Primo de Rivera donde pese a su pesadumbre inicial se encariño más tarde con los majoreros. No muy lejos, solo les separa el estrecho de La Bocaina, el todavía presidente Sánchez veranea con cargo al erario público, con todo tipo de lujos en la residencia de La Mareta (Costa Teguise), regalo del Rey Hussein de Jordania al Rey emérito Juan Carlos I. Mientras practica el buceo e invita a sus numerosos visitantes, el País agoniza en la otra orilla del estrecho, en Ceuta donde de seguir así se convertirá en ciudad musulmana, que al fin y a la postre parece que es lo que pretende este presidente socialista para tapar sus vergüenzas.

Los que tuvimos la fortuna de vivir en el protectorado de Marruecos hace años nunca pudimos sentirnos tan abandonados por un Gobierno de España como se sienten hoy los ciudadanos españoles de Ceuta. 'Si Adolfo Suárez levantase la cabeza! Ni una llamada a consultas al embajador marroquí, pero sí al italiano al parecer culpable de la desidia del gobierno que Sánchez encabeza.

No hablemos de la Sanidad sin movilizar al ejército (sanidad militar) ni dar ordenes para que la Sanidad de Ceuta sobreviva, pues Ceuta y Melilla dependen directamente del Ministerio que regenta una tal Mónica García.

No hace falta ser un atento analista para poder ver en el mascarón de proa la actitud farisaica de este Gobierno con una ciudad asediada. El presidente -se dice- ha despachado la cuestión en un par de horas, y ha encargado a sus ministros, el de Interior, la de Sanidad, la de emigración y al de jornada que toque que aparezcan cada dos o tres días por Ceuta para tener portadas de telediario y de periódicos afines para dar la impresión que se ocupa de la ciudad autónoma. Mientras tanto los juristas del príncipe se encargan de sermonearnos que con la Ley de extranjería en la mano no se puede poner en frontera a los que han invadido literalmente una de las que antaño se denominaban plazas de soberanía, cuando en situación de guerra híbrida no valen los ungüentos. O se está con Ceuta o no se está. Y este Gobierno mira para otro lado, pese a los golpes de pecho en torno a la españolidad de Ceuta.

Habrá que preguntar a los socios que sostienen a este mal gobierno (PNV Esquerra, Bildu y Junts a ratos) , que piensan de dicha situación y que tal verían si una ingente muchedumbre en proporciones a las de Ceuta ocupasen Tarragona o Salou, San Sebastián o Bermeo tras llegar por la playa de Mundaka .

Llama la atención que se acepte dicha situación sin más contemplaciones. No sabemos que sucederá el año que viene en las elecciones generales. Pero no arriendo la ganancia a quien le sustituya puesto que la famosa herencia de Zapatero va a ser aceptable pese a sus efectos económicos catastróficos si la comparamos con la herencia envenenada de Sánchez, que si se pudiese debería aceptase a beneficio de inventario, cosa imposible pues los gobiernos pasan y el Estado permanece.

La tarea de quien gobierne será titánica, pues no solo deberá recomponer la política exterior e interior, sino la economía que aparecerá gripada al no contar con el maná de los los fondos europeos y con un estado desconcertado ante la falta de unidad en lo esencial y con cerca de 50 millones de habitantes (49.8) que atender de los que solo 22 o 23 millones trabajan.

Unamuno pudo volver a su cátedra de Salamanca tras el destierro y posterior exilio en Francia aunque la vida no le deparó un devenir dichoso. ¿Qué hará este presidente que partió el país en dos y nos dejó a los pies de los caballos nazaríes?

Manuel Pulido Quecedo es abogado y doctor en Derecho.

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