Opinión

Mirar el eclipse sin dejar de ver la realidad

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Marian Sainz

Publicado el 17/08/2026 a las 05:00

Un eclipse solar hace que miles de personas hayamos mirado hacia el mismo punto. Nos ponemos unas gafas especiales y, durante unos minutos, dejamos de mirar lo cotidiano para contemplar algo extraordinario. Quizá también necesitemos esas gafas para mirar la realidad sin que nos deslumbre. La inmigración es una de ellas. Creo sinceramente que no hay ningún navarro o navarra que no quiera que una persona, sea cual sea su nacionalidad, raza o sexo, venga a trabajar, se gane la vida y pueda mejorar la vida de los suyos. Porque eso es dar esperanza. Y dar una oportunidad a quien quiere trabajar es una de las cosas más nobles que puede hacer una sociedad.

Pero precisamente por eso tenemos que hablar también de control, de planificación y de prevención. Porque una cosa es querer recibir a quien viene a trabajar y otra muy distinta aceptar que miles de personas lleguen sin que tengamos capacidad para ofrecerles aquello que esperan. Eso tampoco es solidaridad. Es improvisación.

Y la improvisación la pagan todos: quien llega buscando una oportunidad y se encuentra sin trabajo, sin vivienda o sin una respuesta; y quien ya vive aquí y ve cómo se tensionan unos servicios públicos que necesitan recursos. Los datos muestran además que la inmigración no es solamente una cuestión social. También es una necesidad económica. En España, las personas extranjeras ya representan el 14,1% de la población y en 2025 explicaron casi el 40% del crecimiento de la afiliación a la Seguridad Social. Necesitamos trabajadores. Pero necesitamos también una política migratoria seria.

Vías legales de entrada. Formación vinculada a los empleos que existen. Homologación de títulos. Acuerdos con los países de origen. Persecución de quienes explotan laboralmente a los inmigrantes. Recursos para los municipios que reciben población. Y una integración que empiece desde el primer día. Eso no es cerrar puertas. Es ordenar las puertas.

Porque decir que una persona tiene derecho a buscar una vida mejor no significa que un territorio no tenga derecho —y obligación— de saber cómo puede recibirla y acompañarla. Detrás de cada inmigrante hay una historia humana. Alguien que ha dejado su casa, su familia y su país porque cree que aquí puede existir un futuro. No deberíamos olvidar nunca eso. Pero tampoco deberíamos olvidar al trabajador que busca una vivienda, al joven que necesita empleo, a la familia que espera una plaza escolar, al barrio que necesita recursos o al empresario que necesita trabajadores. Gobernar es mirar todas esas realidades a la vez. Por eso pedir control no debería convertir a nadie en xenófobo.

Pedir planificación no debería convertir a nadie en insolidario. Y reclamar prevención no significa querer que nadie venga. Significa querer que quien venga pueda hacerlo dignamente, trabajar, integrarse y formar parte de nuestra sociedad. Ni puertas abiertas sin planificación. Ni puertas cerradas a quien busca una oportunidad. Puertas ordenadas. Oportunidades reales. Y una Navarra preparada para recibir. Porque detrás de cada llegada hay una persona. Pero detrás de cada decisión política hay miles.

Marian Sainz Marqués. Trabajadora Social · Experta en liderazgo, coaching y gestión de equipos y centros de Servicios Sociales

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