Opinión

La industria en Navarra y su futuro

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Juan Córdoba

Publicado el 15/08/2026 a las 05:00

A lo largo de este mes de este verano se han conocido opiniones, bien fundadas, sobre la situación actual de la industria navarra y sus expectativas en el medio plazo. Todos los análisis concluyen que, si no se implementa algún plan de acción que revierta la situación, las previsiones no son muy halagüeñas. Los datos son claros, la industria navarra no está en su mejor momento y acumula varios años perdiendo impulso. Como bien se recoge en las opiniones publicadas, el entorno internacional y la coyuntura europea no están ayudando a mejorar la situación, pero no nos engañemos, el entorno es el mismo para todas las regiones de España y la situación es totalmente distinta en otras comunidades autónomas.

Por lo tanto, dejando aparte los factores externos, cabe preguntarse qué está sucediendo en Navarra para que nuestra industria esté en clara decadencia. Una de las principales causes es la ausencia de nuevos proyectos industriales. Para analizar este tema, empecemos por revisar qué es lo que puede atraer o ahuyenta un proyecto industrial. Este tipo de proyectos llevan siempre aparejados riesgos y quien toma la decisión sabe que a él le reclamarán en el caso de que el proyecto sea un fiasco, y por ello los responsables quieren “asegurar el tiro”.

¿Qué es lo que un responsable va a analizar antes de lanzarse a ejecutar cualquier inversión de importancia? Sin duda va a analizar el resultado de otros proyectos industriales en el pasado; revisará la seguridad jurídica de la región, la estabilidad en las políticas y estrategias industriales, la posibilidad de acceso a ayudas públicas, el régimen fiscal aplicado a la industria, el ecosistema industrial y en concreto la disponibilidad real de potencia eléctrica y de mano de obra cualificada, las conexiones logísticas y el nivel de paz social.

No todos los potenciales inversores asignarán la misma importancia a los diferentes factores que afecten a la decisión, pero sí que todos, renunciarán si alguno de ellos está fuera de sus expectativas.

Posiblemente los factores más críticos, que pueden hacer abortar una posible inversión son el ecosistema industrial, la seguridad jurídica, la estabilidad en lo relacionado con la estrategia industrial y el nivel de paz social.

Si revisamos la situación de Navarra vemos que el ecosistema industrial es de un buen nivel y tras las últimas noticias, que confirman la autorización de la nueva línea de transporte de alta tensión, dispondremos en el medio plazo de la potencia eléctrica que pudiera necesitar cualquier inversión. Por tanto, este factor nos coloca en buena posición.

En lo que a seguridad jurídica y política industrial se refiere, la situación es diferente. En ambos aspectos ha habido sucesivos bandazos que se han dado pensando no tanto en la industria navarra sino en estrategias electorales. Baste recordar lo acontecido con el proyecto Mina Muga.

En cuanto a la paz social, tampoco ofrecemos una buena imagen. La nueva Kale Borroka está irrumpiendo en Navarra. Hemos visto grupos organizados decidiendo de qué se puede y no se puede hablar en una universidad, hemos visto, también, como esos grupos se permiten decidir quién puede y quien no puede ver un partido de fútbol en un bar. Todo ello sin el rechazo unánime y rotundo de nuestro Gobierno foral ni de los ayuntamientos implicados.

Todos estos episodios, sin duda, serán analizados por quien debe decidir si arriesgar o no en nuestra comunidad. No es una situación muy positiva, pero todavía estamos a tiempo de revertirla antes de espantar al próximo inversor.

La sociedad navarra debe exigir a los partidos navarros, al menos a los que de verdad buscan el desarrollo y crecimiento de nuestra comunidad, que sean capaces de sentarse en una mesa y no levantarse hasta disponer de un plan industrial, consensuado y que incluya una estrategia a largo plazo, al menos diez años, obviando las tácticas electoralistas y asegurando que dicha estrategia no cambie cada cuatro años.

¿Es esto posible? Sí, basta con mirar hacia el este o el oeste. Aragón lo consiguió y la política industrial se elaboró hace años y se ha mantenido independientemente de si gobernaba Lambán o Azcón, y el éxito está a la vista. Si miramos hacia el oeste, todavía lo han hecho mejor. El Gobierno Vasco asumió que la industria es un pilar básico y en la elaboración de sus estrategias han contado con una importante representación del empresariado vasco, mantenido la estrategia más allá del ciclo cuatrienal. El resultado también está a la vista. ¿Si otros han sido capaces, por qué nosotros no? Es la pregunta clave que deben hacerse nuestros políticos. Necesitamos la respuesta con urgencia, ya que el próximo posible inversor, Hithium, seguramente está ya en el proceso de análisis de viabilidad de su proyecto.

De los tres factores clave, el ecosistema industrial obtendrá, sin duda, buena nota. En cuanto al segundo, es seguro que acostumbrado a operar en un entorno en el que las estrategias se fijan con horizontes de veinte años o más, no entenderán que no dispongamos de algo parecido y sobre todo pueden asustarse si la supuesta estrategia cambia tras las próximas elecciones, que se celebrarán antes de que salga la primera batería de las líneas de montaje navarras. En cuanto a la paz social, huelga el comentario, Hithium no entenderá que pueda existir algo parecido a la Kale Borroka y que el Gobierno no lo solucione inmediatamente.

Navarra necesita reactivar la industria, Hithium es una gran oportunidad que no podemos dejar escapar, el ecosistema industrial es potente, solo falta que nuestros políticos sean capaces, al menos una vez, de pensar solo en Navarra y crear un entorno que vuelva a hacer que Navarra sea atractiva para la industria.

Juan Córdoba Iturriagagoitia. Ingeniero industrial y miembro del think tank Institución Futuro.

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