Opinión

El estanque azul y el estrecho de Ormuz

thumb

Olga Brajnovic

Publicado el 07/08/2026 a las 17:45

En Washington hay un enorme estanque que refleja el obelisco y el memorial de Lincoln. En ese espacio se congregó la multitud que fue a escuchar a Martin Luther King en 1963 cuando pronunció su histórico discurso “tengo un sueño.” Soñaba el fin del racismo en un país donde la segregación de los negros seguía siendo legal en muchos estados. Donald Trump ha querido dar otra imagen a ese lugar para ello ordenó vaciar el estanque y pintar el fondo de color azul bandera americana. Se lo encargó a un amigo suyo, para que lo hiciera rápido y lo tuviera listo para el día de su cumpleaños. Su amigo cumplió. Pero a los pocos días lla pintura empezó a desprenderse. Trump echó la culpa a los vándalos de izquierda y su gente encontró un cabeza de turco, el ex campeón olímpico de remo, David Hearn, para el que pidieron 10 años de cárcel. Al final se ha demostrado que la pintura se desprendió porque el contratista hizo una chapuza monumental y Hearn ha quedado libre de cargos.

Algo parecido le está pasando a Trump con la guerra de Irán. Ha querido hacer algo a su gusto, le ha encargado una parte vital, como es la negociación, a sus amigos en lugar de a los profesionales, y todo ha fallado estrepitosamente. Cuando empezó esta última fase de la guerra, en febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron devastadores bombardeos sobre Irán dirigidos a destrozar objetivos militares y a eliminar a la cúpula política, religiosa y militar. Lo que los israelíes llaman “asesinatos selectivos”. Así murió el ayatolá Ali Jamenei y gran parte de su familia, su consejo, los jefes militares de la guardia revolucionaria, y muchos otros dirigentes iraníes. Los espías israelíes sabían exactamente dónde estaba cada uno de esos líderes cuando lanzaron las bombas que les mataron a ellos y a cientos de personas más.. Pero dejaron con vida al negociador. Y lo hicieron deliberadamente. Abbas Aragchi, ministro de exteriores iraní, que ya fue el negociador jefe durante el primer mandato de Trump, es el interlocutor iraní de Estados Unidos en medio de esta guerra.

En una reciente entrevista con medios árabes, Aragchi explicó que los negociadores estadounidenses enviados por Trump, el empresario inmobiliario Steve Witkoff y el yerno del presidente Jared Kushner, plantearon las cosas en términos de compra y venta, ofreciendo inversiones millonarias con grandes beneficios para todos, en lugar de abordar el problema nuclear que era el objeto de la reunión. La parte iraní no aceptó esos términos.

Es más que posible que Aragchi esté contando una versión interesada, pero el dato es revelador, porque ese tipo de negociación se ha dado en otros conflictos cuando la Administración Trump estaba por medio. En medio de una guerra, los aparatos de propaganda se esfuerzan por contar la historia que más conviene a los que dirigen cada bando. Los reporteros de guerra han cumplido una misión vital en los últimos conflictos al dar voz a las víctimas de la guerra y contar lo que estaba pasando sobre el terreno, independientemente de la versión oficial. Fueron los testigos de lo que ocurrió en Gaza y, por contarlo al mundo, al menos 246 de ellos murieron bajo el fuego israelí.

Un año después, Estados Unidos e Israel están haciendo todo lo posible para que no haya voces independientes que cuenten lo que pasa en Oriente Medio. No hay información sobre los daños sufridos en las bases militares estadounidenses bombardeadas por Irán en Kuwait, Jordania y Arabia Saudita, ni sobre el estado de los cientos de heridos que se han producido, o sobre el traslado a Israel de las tropas estadounidenses de esas bases que, al parecer, ya no son seguras.

Las defensas antimisiles están muy mermadas y la industria militar estadounidense no las está reponiendo a la velocidad necesaria, mientras la guerra no da tregua.

Donald Trump está continuamente amenazando con un ataque como “no se ha visto nunca antes en la historia”, “el más potente desde la Segunda Guerra Mundial” que destrozará a su enemigo. Horas después, pospone el ataque porque los iraníes están desesperados por una negociación que está a punto de cerrarse para abrir el estrecho de Ormuz. Los medios estadounidenses llevan la cuenta de cuántas veces ha lanzado esta amenaza para retirarla prometiendo un acuerdo que nunca llega. Al parecer, son 38. Los mercados de valores le “creen” y negocian en bolsa con el precio del petróleo al vaivén de sus anuncios para hacerse de oro. Pero deben ser los únicos.

Mientras tanto, la guerra, que tiene vida propia, se expande y es un peligro para todo el mundo. Israel continúa con su invasión de Líbano, lordena la evacuación de pueblos avisando de que los va a destruir como hizo en Gaza mientras el mundo calla. Los hutíes de Yemen cierran el mar Rojo para ahogar a Arabia Saudita, Irán y Omán negocian por su cuenta el control del estrecho de Ormuz. los drones de Irán llegan a Egipto. La actividad bélica de Oriente Medio empieza a afectar a la guerra de Ucrania. Rusia se beneficia y China observa. Y Trump está más preocupado por el estanque azul que por el estrecho de Ormuz.

Olga Brajnović es periodista.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora