Opinión
Bab el-Mandeb: nuevo cuello de botella
"Cuando parecía que el estrecho de Ormuz concentraba toda la atención periodística, Oriente Medio ha abierto un segundo frente de enorme trascendencia"

Publicado el 30/07/2026 a las 05:00
Los hutíes de Yemen, grupo respaldado por Irán, han declarado su propio bloqueo marítimo contra el transporte de Arabia Saudita, una escalada que podría reactivar otro conflicto regional latente y amenazar el suministro mundial de petróleo. El estrecho de Bab el-Mandeb puede convertirse en el nuevo cuello de botella que puede cambiar el equilibrio mundial. Cuando parecía que el estrecho de Ormuz concentraba toda la atención periodística, Oriente Medio ha abierto un segundo frente de enorme trascendencia. Los hutíes yemenitas operan como uno de los principales proxies (fuerzas por poder) de Irán en Medio Oriente. Aunque comparten la rama del islam chií, mantienen autonomía total pero dependen de Teherán para su financiamiento, tecnología de misiles y entrenamiento militar. Su función principal en la región es presionar a los rivales de Irán ( Arabia Saudita, Israel y EE.UU.) controlando el estratégico acceso al mar Rojo a través del estrecho de Bab el-Mandeb y que conecta el océano Índico con el mar Mediterráneo a través del canal de Suez.
La reciente amenaza de bloqueo en el estrecho citado sitúa al comercio internacional ante una de las crisis marítimas más graves de las últimas décadas. Bab el-Mandeb, cuyo nombre significa “ la Puerta de las Lágrimas”, constituye uno de los principales puntos del estrangulamiento del comercio mundial. Portavoces militares de los hutíes de Yemen han anunciado un bloqueo a todos los buques saudíes que traten de atravesar el estrecho a fin de reanudar su ruta por el océano Índico. Se estima que cerca del 10% de los cargamentos mundiales de petróleo atraviesan el estrecho en cuestión y su cierre, sumado a las restricciones, reduciría las principales rutas de exportación energética del golfo Pérsico al encontrarse bloqueado Ormuz por parte de Irán. Las consecuencias no se han hecho esperar en las gasolineras estadounidenses. El precio medio de la gasolina ha vuelto a superar los cuatro dólares por galón (3,50 euros por 3,78 litros), frente a los 3,14 dólares (2,75 euros) hace un año. En las últimas horas, Irán habría presionado a los hutíes para que cierren Bab el-Mandeb, si Washington continúa atacando las infraestructuras energéticas iranís. Las fuerzas armadas hutíes han declarado un embargo marítimo contra el enemigo criminal saudita en base a la ecuación “ojo por ojo” en respuesta a lo que han calificado como un “ cerco injusto” de Arabia Saudí contra Yemen.
Actualmente, ante la falta de operatividad del estrecho de Ormuz, Arabia Saudí había logrado mantener buena parte de sus exportaciones desviando el petróleo hacia el puerto de Yambú, en el mar Rojo mediante el oleoducto Este-Oeste, alternativa que ahora puede quebrarse al quedar inutilizado Bab el –Mandeb. Ante un escenario inédito con los dos principales corredores energéticos del planeta sometidos a una presión militar sin precedentes, la consecuencia inmediata sería un fuerte aumento de los costes del transporte marítimo, un aumento de las primas de riesgo de las aseguradoras y una nueva escalada de los precios del petróleo y del gas. Ante esta posible situación, diversos analistas consideran que el barril de petróleo podría superar ampliamente los 100 dólares y que las consecuencias irán mucho más allá de la energía.
El canal de Suez, arteria principal del comercio entre Europa y Asia, se vería afectado por el cierre de Bab el-Mandeb y el bloqueo de Ormuz, lo que obligaría a miles de buques a rodear África por el cabo de Buena Esperanza, alargando los trayectos entre dos y cuatro semanas, incrementando el consumo de combustible y reduciendo la disponibilidad mundial de buques mercantes. La economía europea sería una de las principales perjudicadas. La industria depende del abastecimiento continuo de componentes procedentes de Asia y la llegada de materias primas energéticas. Un nuevo colapso logístico podría traducirse en un aumento de la inflación, retrasos industriales y menor crecimiento económico. Desde el punto de vista militar, los hutíes han demostrado que un actor no estatal puede poner en jaque a las principales potencias, utilizando drones y sistemas navales relativamente baratos frente a una flota internacional inmensamente superior, lo que resulta ser un ejemplo perfecto de “guerra híbrida” y de estrategia asimétrica, donde no hace falta derrotar militarmente al adversario; basta con elevar el coste económico y político de cerrar las rutas marítimas.
No es casualidad que la Unión Europea haya reforzado la operación Aspides con el fin de proteger el transporte marítimo internacional y garantizar la libertad de navegación en el mar Rojo y el golfo Adén, y además de ser una misión militar intenta proteger la economía global. La crisis de Bab el-Mandeb, demuestra que la geografía sigue siendo uno de los factores decisivos de la política internacional. En un mundo cada vez más globalizado, unos pocos kilómetros de mar pueden condicionar la estabilidad económica de continentes. Como escribió Alfred Thayer: “Quien domina el mar, domina el comercio e influye en el destino de las naciones”.
Joaquín Garro Domeño. Doctor en Seguridad Internacional