Opinión
Todos contra el fuego
"Solo cabe apostar por los profesionales y pedir socorro a quien puede prestarlo, tanto dentro como fuera de España"

Publicado el 25/07/2026 a las 05:00
Nunca pudimos pensar que el fuego estaba en condiciones de ganar la batalla, o de ponernos en una situación límite. Pero el hecho de que el gobierno haya declarado una situación de emergencia y asumido todas las responsabilidades que eso supone, que nos hemos visto obligados a pedir ayuda especializada a la Unión Europea porque nos faltan medios ante la virulencia del fuego. Un fuego que cruza España de norte a sur, de este a oeste, azuzado por vientos que cambian de dirección e intensidad e impiden tomar decisiones que en otras condiciones serían eficaces. Las imágenes de hectáreas ardiendo, de miles de personas acogidas en centros deportivos y colegios porque sus viviendas no son lugar seguro, de mayores y enfermos desalojados de residencias, amigos y familiares dando cobijo a quien lo necesite … todas esas escenas indican la gravedad de lo que está ocurriendo. No somos los únicos que ha llamado a la puerta de la Comisión Europea; también lo ha hecho Macron, ante la desolación de unas Landas que arden por los cuatro costados.
Hay una frase, pronunciado por un consejero madrileño, que produce escalofríos: “Este incendio está ahora mismo fuera de capacidad de extinción. Podemos intentar limitar los flancos, pero no vamos a poder parar esa cabeza hasta que no cambien las condiciones”. Fuera de capacidad de extinción. Palabras mayores. Los bomberos españoles trabajaban con profesionalidad y eficacia, llevan tiempo advirtiendo que el cambio climática obliga a contar con más medios, y reconocen que compañeros de otros países se encuentran con el mismo problema. No se podía prever que el tan traído y llevado cambio climático - que es real, no un fantasma que esgrime imprudentemente la extrema derecha para lanzar andanadas contra los gobernantes con los que mantiene diferencias- iba a ponernos en tantas situaciones de riesgo.
España no solo cuenta con bomberos, sino también con la UME, bendita UME, y aún más benditos voluntarios y onegés que se movilizan generosa y solidariamente ante cualquier catástrofe. España ha pedido ayuda a Francia, sin complejo; Francia ha pedido ayuda a Bruselas, también sin complejo, porque las catástrofes obligan a reconocer que es difícil estar preparado para todo tipo de circunstancias y desórdenes de la naturaleza. Terremotos, huracanes, danas, inundaciones, tornados … no es fácil actuar contra la naturaleza desatada.
Solo cabe apostar por los profesionales y pedir socorro a quien puede prestarlo, tanto dentro como fuera de España. Asumir que hay que estar permanentemente preparado para enfrentarse a una situación límite; aprender de lo que hacían nuestros mayores cuando, sin los medios actuales, encontraban la manera de enfrentarse al fuego tomando en invierno iniciativas para paliar sus efectos devastadores … y asumir que los avances sociales llevaban, como adjunto, una cara amarga: la capa de ozono, los vertidos que envenenan aguas, un urbanismo que no mide las consecuencias de poner límites al campo, a los cauces o a los bosques.