Opinión

"De los tres hermanos, Luis Goytisolo era el más fotogénico. Su actitud parecía reflejar cierta severidad monacal"

"En un célebre artículo publicado a finales de los años noventa del siglo pasado, aseguró que la novela había muerto, pero él seguía adelante con su particular poética"

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Juan Gracia Armendáriz

Publicado el 18/07/2026 a las 19:00

De los tres hermanos, Luis Goytisolo era el más fotogénico. Su actitud parecía reflejar cierta severidad monacal. Tenía un bello rostro de lagarto anguloso con la piel bien adaptada a la osamenta. Lejos de los excesos de José Agustín, parecía más próximo a Juan, no tanto por su concepción literaria como por la idea, compartida por ambos, de ser pájaros que ensuciaban su propio nido. La frase la copiaron de Günter Grass, pero la llevaron a efecto. Desde una suerte de exilio autoimpuesto en Marrakech, su hermano Juan nos dio excelentes novelas de tintes autobiográficos y experimentales. Luis llevó la premisa experimental hasta el límite. En un célebre artículo publicado a finales de los años noventa del siglo pasado, aseguró que la novela había muerto, pero él seguía adelante con su particular poética, que llegaba desde Marcel Proust y pasaba por James Joyce. 

No era condescendiente con el lector, exigía un interlocutor acorde con sus expectativas, que eran altas. En su obra cumbre, la tetralogía “Antagonía” rompió todos los moldes narrativos de la novela convencional. Quizá, ahí resida el hecho de que fuera un escritor para escritores, que los premios que le fueron concedidos nos dieran a muchos la impresión de una justicia que no estaba acorde con las ventas de sus libros. La última imagen que guardo de él es un poco desoladora. Feria del Libro de Madrid; lo vi de casualidad, solo en la caseta, parapetado tras su última novela. Mantenía una quietud de saurio mientras, frente a la caseta de al lado un youtuber, una presentadora de televisión, un premio no sé qué, se agolpaban lectores y curiosos. Daban ganas de gritar: “¡Eh, aquí hay un escritor de verdad!”. No lo hice. Tampoco tuve el cuajo de acercarme a charlar con él, como he hecho en ocasiones parecidas. Estaba demasiado solo, demasiado ensimismado, demasiado grande a pesar de que no fuera precisamente alto. Había escrito una obra que ha quedado en la historia de la literatura. ¿Quién era la celebridad que firmaba al lado? Un falso escritor disfrazado por la mercadotecnia y los intereses económicos. O sea, nadie.

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