Opinión

América Latina gira: una oportunidad para Europa

"La crisis venezolana recuerda que el vacío que Europa no ocupe lo llenará otro actor"

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Ferrán González Torguet

Publicado el 18/07/2026 a las 05:00

La palabra “giro” recorre desde hace décadas el lenguaje político latinoamericano. Pero el cambio actual no nace de un solo año ni de una sola elección. En los últimos años, la región ha acumulado señales de desplazamiento hacia la derecha: Javier Milei en Argentina, Daniel Noboa en Ecuador, Rodrigo Paz en Bolivia, José Antonio Kast en Chile y Nasry Asfura en Honduras en 2025, y los nuevos resultados conservadores de 2026 en Costa Rica, Perú y Colombia. A la espera de Brasil en octubre, el mapa político ya es distinto al de hace tres años. Las cifras acompañan la tendencia. 

Según un análisis reciente del Financial Times, candidaturas de derecha o centroderecha han ganado 12 de las últimas 15 elecciones presidenciales en América Latina. Latinobarómetro apunta al mismo desplazamiento hacia la derecha en la forma en que los ciudadanos se sitúan ideológicamente. No estamos ante una oscilación electoral, sino ante un malestar más profundo. Las causas se entrelazan: desgaste de gobiernos progresistas, avance del crimen organizado, inseguridad cotidiana, economías estancadas y retorno de una política exterior estadounidense más activa. La cumbre “Shield of the Americas”, convocada por Trump en Florida con una docena de líderes conservadores, simboliza ese nuevo escenario. Resulta tentador, desde Bruselas, observar este reordenamiento con inquietud. La hipótesis de una América Latina más alineada con Washington, y por tanto más distante de Europa, es razonable. Conviene matizarla. Incluso los aliados regionales más próximos a Trump han marcado distancias cuando se trata de sus intereses económicos. José Antonio Kast lo expresó antes de viajar a Miami: “No es incompatible tener las mejores relaciones posibles con China y con Estados Unidos”.

 La frase refleja una realidad ineludible: China es ya el segundo socio comercial de América Latina en su conjunto y el primero para varias economías clave de Sudamérica. Pero revela también una autonomía estratégica que no necesariamente perjudica a Europa. Hay un segundo elemento que merece atención. En tiempos de polarización, los procesos electorales que han alimentado este giro se han resuelto, en general, dentro de cauces institucionales y con reconocimiento interno o internacional. Allí donde hubo observación internacional, las misiones destacaron jornadas pacíficas, competitivas o transparentes, sin cuestionar la validez de los resultados. En otros casos, como Chile o Costa Rica, la solidez de las autoridades electorales y la transición institucional refuerzan la misma conclusión. El giro latinoamericano se ha producido por la vía de las urnas, no fuera de ellas. Es un giro democrático. Y aquí reside la clave para Europa: no importa tanto el color del gobierno entrante como el respeto a las reglas del juego. 

La Unión Europea no ha construido su relación con América Latina sobre afinidades ideológicas, sino sobre democracia, multilateralismo, Derecho Internacional e intereses económicos. El acuerdo UE Mercosur, firmado en Asunción en enero tras más de veinticinco años de negociación, y cuyo acuerdo comercial interino se aplica provisionalmente desde el 1 de mayo, configura un espacio comercial de más de setecientos millones de personas. La Agenda Global Gateway UE ALC, dotada con 45.000 millones de euros hasta 2027, avanza en transición verde, infraestructuras digitales, hidrógeno verde y materias primas críticas. España ocupa una posición singular. Es el primer inversor europeo en América Latina y el segundo mundial, solo por detrás de Estados Unidos. Fue uno de los impulsores de la primera Cumbre UE CELAC en ocho años durante su presidencia del Consejo de la UE en 2023, y su Estrategia de Acción Exterior 2025-2028 sitúa a la región como socio central. En Santa Marta, el Gobierno español destacó su contribución a Global Gateway, con 9.400 millones de euros comprometidos y 5.300 millones ya movilizados. 

A ello se suma una presencia relevante en la arquitectura institucional europea, desde la Comisión hasta el Banco Europeo de Inversiones y el Parlamento Europeo, espacios clave para traducir esa vocación iberoamericana en influencia y financiación. Hace un año, desde Equipo Europa dedicamos buena parte del debate del Foro por el Futuro de la UE a esta relación. Doce meses después, con un giro consolidado en las urnas y una Venezuela sometida a una transición incierta tras la intervención estadounidense de enero, aquel diagnóstico resulta más urgente que nunca. La crisis venezolana recuerda que el vacío que Europa no ocupe lo llenará otro actor. La tarea para Bruselas, y para los Estados miembros con vocación iberoamericana, con España a la cabeza, es aprovechar este momento. Frente a un Washington tentado por una nueva versión de la doctrina Monroe, la respuesta europea no puede ser la coerción, sino la cooperación. América Latina no nos pide que elijamos por ella; nos pide que estemos presentes. Las relaciones duraderas se construyen sobre intereses compartidos y valores comunes, no sobre simpatías ideológicas pasajeras. El mapa político del continente ha cambiado. La oportunidad europea, intacta.

 Ferran González Torguet es socio de Equipo Europa

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