Opinión
"También en el lenguaje estival toca buscar el fresquito para no quemarse"
"A menudo el efecto destructivo de los incendios se propaga hasta el papel del periódico o la emisora de radio que los relata"

Publicado el 17/07/2026 a las 19:27
Con las primeras llamas del verano vuelve el idioma a sufrir los consabidos golpes de calor informativos. A menudo el efecto destructivo de los incendios se propaga hasta el papel del periódico o la emisora de radio que los relata, donde se ha hecho norma, por ejemplo, denominar “pirómanos” a todos los incendiarios sean cuales sean la intención y los motivos de estos. Pero el trastorno de la piromanía (literalmente ‘tendencia patológica a la provocación de incendios’) excluye a quien hace arder montes o cosechas por descuido, por intereses económicos o por deseo de perjudicar a otros. No son lo mismo tampoco un incendio “provocado” y uno “intencionado”. Un fuego puede tener su origen tanto en el ser humano como en causas accidentales como chispas o rayos; bien podría decirse, pues, que todos los incendios son provocados aunque no haya por medio propósito alguno de causarlos, cosa que sí sucede en los “intencionados”. Parecida impropiedad tiende a cometerse con los verbos “calcinar” y “carbonizar”, ambos hipónimos de “quemar”, pero no sinónimos aunque se refieran a los efectos del fuego.
Mientras que calcinar es abrasar algo por completo, carbonizar significa reducir a carbón un ser vivo o un cuerpo orgánico. Y qué decir de “efectivo”, el nombre estrella en las noticias sobre el fuego, los desórdenes públicos y las invasiones militares. Aparece usado generalmente en plural y en compañía de numerales: “se han desplazado 400 efectivos”, “60 efectivos acudieron a extinguir las llamas”. Da la impresión de que para nuestros profesionales de la noticia “efectivos” es una forma más elevada de llamar a bomberos, policías o militares, sin tener en cuenta que el término designa una totalidad de fuerzas, humanas y materiales, y que por tanto no es un sustantivo contable. Es correcto decir “un(os) efectivo(s) de cien bomberos y 30 vehículos”, pero no “cien efectivos en 30 vehículos”. No acaban ahí los daños. Piénsese en la confusión entre “climatología” y “meteorología”, en el uso inapropiado de otros nombres y verbos fuera del ámbito especializado (“perimetrar”, “deflagración”) o en la creciente propensión a la hipérbole que se impone en un discurso periodístico cada vez menos dirigido a informar que a “incendiar” las redes. También en el lenguaje estival toca buscar el fresquito para no quemarse.