Opinión
Incluir a los mayores en los planes vacacionales
"La soledad puede desbaratar el ciclo normal de vida de cualquier persona mayor"

Publicado el 16/07/2026 a las 05:00
En pleno siglo XXI, somos muy recatados a la hora de pronunciar ciertas palabras que la lengua española las nombra sin ningún pudor. Por ejemplo, decimos reajuste de plantilla en vez de despido, sanatorio por manicomio... En especial ocultamos las palabras vejestorio, carroza, abuelo o senil, y las sustituimos por adultos mayores o tercera edad. ¿Qué sentido tiene eludir la realidad o el proceso natural de la vida? Es la asignatura más importante que debemos aprobar durante nuestra existencia. El vocablo viejo, anciano, proviene del latín “vetus, senex”, persona cargada de años y de experiencia, “el que va delante”. “En la vejez no deben preocuparnos las arrugas del rostro, sino las del cerebro”, afirmaba el petillés navarro Ramón y Cajal. Fruto de la calidad de vida, de la medicina y del cuidado asistencial, en las últimas décadas se ha pasado de una supervivencia media de 66 años a 83, y pronto se alcanzarán los tres dígitos, pero con el agravante de que el 38% por ciento de la población superará los 65 años.
No obstante, en esta sociedad consumista y materialista, se plantea que el avance en la prolongación de la vida supone un gasto sanitario excesivo, más personal humano para la atención y proliferación de residencias. Se podrá ahorrar recursos con prácticas de auto-rehabilitación, dietas equilibradas y un mayor manejo del ordenador para evitar las visitas a los centros de salud a través de aplicaciones. Ha llegado el verano y la preocupación familiar por resolver el problema de los padres o abuelos se dispara, porque los hijos se marchan de vacaciones y no es frecuente ver a toda la familia, a las tres generaciones, en el apartamento de la playa o montaña. Prefieren mantener su independencia alejados de sus progenitores. No es lo mismo “estar encima de ellos” que estar disponibles en caso de emergencia de modo más cómodo. Los cierres de asilos y centros de día, las vacaciones de las cuidadoras y las oleadas de calor hacen más vulnerables a los ancianos. La soledad puede desbaratar el ciclo normal de vida de cualquier persona mayor. Se trata sobre todo de un aislamiento social, donde el abuelo se queda apartado del entorno por “clausurado por vacaciones” y por la añoranza de los seres queridos que están ausentes. En la época veraniega, el decaimiento emocional, la melancolía y la tristeza se apoderan de los ancianos ascendiendo hasta un 12%.
¿Se soluciona la soledad estival contratando a una cuidadora domiciliaria? Es cierto que brindan atención y compañía, miman los detalles del mayor y promueven los paseos al aire libre en horas frescas, en un ambiente agradable y relajado. Sin embargo, falta esa sintonía, esa raíz sanguínea filial, esa pertenencia al grupo familiar, ese apego diario que nada ni nadie puede suplir. Sin duda la mejor forma de sentirse arropados es incluirlos en los planes de vacaciones junto a los hijos y nietos. El avance del envejecimiento sigue adelante verano tras verano y el abuelo se sentirá tanto más envuelto en la familia cuanto más implicado se halle en toda actividad que surja en verano, en navidad, semana santa o fines de semana. El ejemplo lo tenemos en los países hispanos, donde la familia, compuesta de abuelos, hijos y nietos, es el núcleo de la sociedad. Apenas existen geriátricos, centros de día o residencias para ancianos, porque es un orgullo que ellos fallezcan en sus casas. Como diría el escritor colombiano García Márquez: “El secreto de una buena vejez no es otro que un pacto honrado con la soledad”.