Opinión

"De estos Sanfermines ya no pasa. Si mi amama no va a la tómbola, la tómbola va a mi amama"

Javier Estévez
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Javier EstévezJ.C. CORDOVILLA
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Javier Estévez

Publicado el 08/07/2026 a las 05:00

Mi amama es una de las miles de personas que abandonaron su Extremadura natal para buscar una vida mejor. Tenía siete años cuando se asentó, con sus padres y sus seis hermanos (luego nacería el último), en una zona chabolista de Bilbao, próxima al lugar donde Cáritas regentaba una tómbola permanente. Ahora está a dos meses de cumplir 78, pero aún recuerda aquellas veces en su juventud, trufada de dificultades para salir adelante, en las que iba con su madre a comprar boletos, tentar la suerte y, de paso, ayudar a personas todavía más desfavorecidas que ellas. Hasta que la tómbola desapareció. Para siempre, pensaba mi amama.

Pero el destino tenía reservada para su hija, su yerno y sus nietos una mudanza a Pamplona. Y ella y mi aitite, que acababan de poner punto final a su vida laboral, decidieron pasar largas temporadas en una ciudad que no conocían. El parque de Yamaguchi, a unos pocos metros de casa, se convirtió en uno de sus lugares favoritos de paseo. También se acercaban de vez en cuando a la Ciudadela. Pero sus andanzas no solían ir más allá.

Hasta que llegó mayo y mi amama descubrió que un pequeño esfuerzo más, o una tarjeta de villavesa, le permitía rebobinar setenta años de recuerdos. Un bote de melocotón en almíbar, un frasco de aceitunas y un peluche para su nieta fueron sus primeras suertes en el paseo de Sarasate. También un carro de la compra. ¡Consiguió incluso la herramienta para transportar toda su colecta sin esfuerzo! Y ya no hubo quien le despojase de la ilusión de abarrotar la cartera de billetes y monedas, pisar la calle e intercambiar todo su presupuesto diario por un puñado de boletos. Han pasado varios años desde la última vez que lo hizo, tantos como los que su salud y la de mi aitite les ha obligado a permanecer en Bilbao. Pero de estos Sanfermines ya no pasa. Si mi amama no va a la tómbola, la tómbola va a mi amama. Esta vez, los boletos se los compro yo.

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