Opinión
"San Fermín es la fiesta por excelencia, pero también es el mayor parque temático del exceso, el riesgo y la inconsciencia"

Actualizado el 22/06/2026 a las 22:17
Que este año el Chupinazo lo prenden los profesionales de la Subdirección de Urgencias de Navarra no es solo un acierto de la votación popular; es una ironía gigantesca. Los encargados de inaugurar oficialmente el desmadre por excelencia son, exactamente, los mismos que van a pasar sus doscientas cuatro horas cosiendo las costuras del enorme caos. Es el bucle perfecto, la paradoja mágica: encender la mecha sabiendo que su onda expansiva les va a estallar, en forma de cornada en el encierro, de coma etílico o de accidente en su propia mesa de triaje.
Hay que tener el estómago de acero y un enamoramiento ciego para asumir en pecho propio lo que viene. San Fermín es la fiesta por excelencia, pero también es el mayor parque temático del exceso, el riesgo y la inconsciencia. Mientras los telediarios abren con la épica del corredor que desafía al miura, metabolizamos la cruda realidad gracias a la disposición de estos sanitarios, sus UVI móviles y la coordinación con centros de salud y el 112.
El herido se lleva la foto de portada y la gloria del adoquín. Los de las urgencias, la guardia de 24 horas, las camisas empapadas de fluidos ajenos y el anonimato más absoluto. Son los protagonistas de la discreción. Los “tapados”. Salvan vidas a destajo para que unos tipos que mañana no recordarán ni el color de la bata de quien los atendió puedan volver a jugar a la ruleta rusa a las ocho de la mañana.
Pero no estarán solos en ese balcón. Con ellos de alguna manera asomará esa otra infantería invisible que sostiene el decorado de la fiesta para que el resto pueda destrozarlo. Hablo de los otros “tapados” de la juerga. Los barrenderos que obran el milagro diario de limpiar el pis y el kalimotxo de las esquinas. Los policías que lidian con la imbecilidad humana. Los camareros incombustibles, los músicos que tocan para que la música no pare, los periodistas que lo cuentan...
Señoras y señores de Urgencias, gocen de sus minutos de gloria bajo el sol de la plaza. Griten al mundo ese ¡Viva San Fermín! Gora San Fermin! con la magia y la emoción de la fiesta y también con la ironía de conocer la paradoja de lo que se les viene encima. Disparen el cohete alto. Disfrútenlo, de verdad, porque a partir del minuto uno les va a tocar, otra vez, la ingrata y maravillosa tarea de salvarnos de nosotros mismos.