Opinión
IA y empresas: el valor de las personas
"Las empresas que mejor aprovechen la inteligencia artificial serán aquellas que desarrollen mejor a sus personas"

Publicado el 21/06/2026 a las 05:00
La historia del trabajo es, en gran medida, la historia de una progresiva humanización. El trabajo que podía hacer un animal dejó de hacerlo el hombre y acabó haciéndolo un animal. Lo que podía hacer una máquina acabó haciéndolo una máquina. Lo que podía hacer un ordenador acabó haciéndolo un ordenador. La imprenta, la máquina de vapor, la electricidad o internet modificaron profundamente la forma de trabajar. Ahora, la inteligencia artificial (IA) avanza en el mismo sentido, realizando acciones que hacíamos las personas. Acabaremos descubriendo que esas acciones tampoco eran las más genuinamente humanas. Y ante las lógicas inquietudes sobre el futuro del trabajo y del empleo, la historia nos enseña que las grandes revoluciones tecnológicas, tras su primer impacto, no han eliminado trabajo humano: lo transformaron.
Desaparecieron algunas ocupaciones y surgieron otras nuevas, pero sobre todo cambió el valor relativo y el foco de las capacidades humanas. Lo transformaron en trabajos con “mayor valor añadido”. Lejos de disminuir el valor de la persona, aumentaron el valor de aquello que sólo la persona puede aportar. Incidir en este valor es el reto. La IA afectará especialmente a tareas administrativas, documentales o repetitivas basadas en el tratamiento de información: en aquello que es predecible, no incierto. De hecho, según el II EY European AI Barometer, siete de cada diez trabajadores españoles creen que parte de sus tareas serán realizadas por sistemas de IA en los próximos años. Pero una cosa es automatizar tareas y otra muy distinta sustituir completamente profesiones. El mayor impacto estará en la redefinición de muchas funciones dentro de las organizaciones y no tanto en una supuesta desaparición masiva de empleos. La cuestión no es si las personas trabajarán, sino cómo trabajarán de manera diferente. En la fórmula “Decidir = Información + Riesgo”, la IA multiplicará la información disponible. Sin embargo, el riesgo seguirá siendo futurible y generará incertidumbre; y la innovación continuará necesitando esa chispa que impulsa los grandes saltos. …
Ante lo nuevo, siempre necesitará alguien que vea más allá. Recuerden aquella maravillosa película de Juegos de Guerra, donde es el humano quien le propone a la máquina -ciega y sorda ya- que juegue al “3 en raya” para aprender que ninguna guerra se gana de verdad… La máquina puede ayudarnos a pensar mejor; la persona sigue siendo quien determina el propósito y el uso de ese conocimiento. El “Barómetro 2025 de IA y Empleo” de PwC observa que los sectores más expuestos a esta tecnología están registrando mayores incrementos de productividad y de salarios que aquellos donde su implantación es menor. Cuando una tecnología amplía las capacidades de las personas, también aumenta el valor del talento humano. Por eso, cuanto más avanza la inteligencia artificial, más valor adquieren determinadas capacidades humanas. La creatividad, el criterio, la comunicación, el liderazgo, la generación de confianza o la capacidad de aprendizaje continuo aparecen cada vez más como factores diferenciales de las personas… y de las empresas.
La crisis de 2008 puso a prueba un mensaje que se repetía con frecuencia: que las personas son lo primero. Cuando llegaron los despidos masivos, comprobamos en demasiadas ocasiones la fragilidad de aquella afirmación. No suceda lo mismo ahora con la IA. Buscar el mejor lugar para que cada persona desarrolle su talento forma parte de la responsabilidad de empresarios y directivos. Y del compromiso con sus personas. Dirigir una empresa es más que gestionar una organización productiva: es liderar una comunidad de personas que colaboran para crear valor. Y el activo más importante de una empresa nunca ha sido una máquina o una tecnología. Siempre han sido las personas capaces de ponerlas al servicio de un propósito compartido. Por eso, como recuerda el Papa Leone, conviene tener presente algo esencial: el progreso tecnológico solo es auténtico progreso cuando eleva a la persona en lugar de reducirla.
Navarra posee un magnífico tejido empresarial. Pascual Berrone, profesor del IESE, nos ha señalado que la cuestión ya no es disponer de inteligencia artificial -eso se compra- sino saber dirigir organizaciones capaces de aprovecharla e integrarla mejor que los demás. Si queremos que nuestras empresas creen más valor con la IA, me atrevo a señalar que deberán anticipar y planificar su impacto; formar antes que sustituir; automatizar tareas y no personas; rediseñar puestos de trabajo; reforzar capacidades; crear itinerarios de recualificación interna para quienes vean transformadas sus funciones; y construir culturas de confianza, aprendizaje y experimentación. Porque la principal barrera para la adopción de la inteligencia artificial probablemente no será tecnológica, sino cultural. Cuanto más inteligentes sean las máquinas, más importante será redescubrir qué significa ser plenamente humanos: ese es el gran reto de esta nueva revolución tecnológica. Las empresas que mejor aprovechen la IA serán aquellas que desarrollen mejor a sus personas. Al fin y al cabo, la máquina puede aprender; sigue siendo la persona quien decide qué merece la pena construir.
José Ramón Lacosta Aznar. Presidente del think tank Institución Futuro.