Opinión

"A la salida del juzgado, Zapatero pidió a la ciudadanía dos cosas: confianza y tiempo. No pedía nada, el hombre"

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Jose María Romera

Publicado el 19/06/2026 a las 19:00

A la salida del juzgado, Zapatero pidió a la ciudadanía dos cosas: confianza y tiempo. No pedía nada, el hombre. El tiempo y la confianza son seguramente dos de los bienes de los que andamos más escasos. Somos unos hijos de las prisas que han perdido la capacidad de esperar y a quienes horroriza todo lo que sean retrasos, aplazamientos, pausas y demoras. 

Y de la misma manera nos cuesta fiarnos de nadie desde que el embuste se ha vuelto moneda de uso común en todas las esferas de la vida pública. No hay que lamentarse; es el signo de los tiempos. Pero a Zapatero, como a los otros políticos que soportan sus respectivas penas de telediario en este inagotable carrusel de procesos, le asiste el derecho a no ser condenado sin pruebas. 

La presunción de inocencia es una obviedad jurídica de la que nos declaramos defensores convencidos, pero que quebrantamos alegremente a las primeras de cambio. O la esgrimimos para absolver o la eludimos para condenar, sin término medio. ¿Para qué conceder a los acusados la presunción de inocencia pudiendo aplicarles el linchamiento preventivo? 

La tendencia a juzgar mediante reflejos automáticos es algo tan inherente a la naturaleza humana que pedir tiempo y confianza a la opinión pública es como aspirar a un imposible; hemos venido al mundo equipados con instrucciones de supervivencia del tipo “piensa mal y acertarás”. Como principio de garantía procesal, la presunción de inocencia es irrenunciable. No así como guía de una deliberación pública que por lo común se desenvuelve entre estímulos emocionales, alejados de la moderación y el equilibrio. 

Pretender que el ciudadano actúe con el escrúpulo de un magistrado es lo mismo que impedirle la entrada a la sala de juicios. Ya que, visto el rumbo de la agitada actualidad judicial del país, no es previsible que a corto plazo disminuyan las imputaciones por corrupción, convendría dar con alguna pauta de uso doméstico para que los profanos menos fanatizados puedan formarse un criterio en cada caso sin costosas inversiones de tiempo y de confianza; y al mismo tiempo evitando sucumbir a la sobreexposición judicial sin caer en la precipitación o la traición a la verdad. Nadie dijo que iba a resultar sencillo esto de ser ciudadanos responsables.

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