Opinión
Ribera Navarra: esa gran desconocida
"La Ribera tiene una posición estratégica, un tejido empresarial sólido, una cultura de esfuerzo arraigada y enorme capacidad de adaptación"

Publicado el 18/06/2026 a las 05:00
Son ya varios años como presidente de AER participando en diferentes foros en los que toca reflexionar sobre nuestra Ribera y, conforme profundizo en motivos y razones, me siento cada vez más bicho raro (o igual no). Trataré de explicar por qué. En todo este tiempo he descubierto que el tejido empresarial de la Ribera ha sido históricamente una tierra de emprendimiento, trabajo y capacidad de adaptación. Gracias al esfuerzo de generaciones de agricultores, empresas, personas e instituciones, hemos construido un territorio dinámico que hoy representa uno de los principales motores económicos de Navarra. Un dato basta para entenderlo: el 30% de las empresas navarras de más de 20 personas trabajadoras están aquí, cuando apenas representamos algo más del 18% de la población. El dato habla por sí solo. Lo que más me llama la atención es que este desarrollo se ha producido de forma prácticamente endógena, sin un plan especialmente definido ni alineado. Da la impresión de que ha sucedido porque tenía que suceder. Y cuando decía que me siento bicho raro es porque cada vez me incomoda más el ruido habitual que se escucha por estos lares: “somos de segunda para los de Pamplona”. No porque la frase no tenga a veces parte de razón, sino porque si queremos ser más, tendremos que ser nosotros quienes lideremos los cambios y no dejar nuestro futuro en manos de un dios menor. Y en ese terreno veo más discurso que acción. Aun así, aquí estamos.
Por eso desde AER nos movemos. Queremos que la Ribera lidere su futuro como parte importante -porque lo es- de un proyecto conjunto llamado Navarra. Queremos que los agentes relevantes remen en la misma dirección y no únicamente en función de intereses particulares, económicos, políticos o sociales. Como suele decir un buen amigo: “aquí cada uno va a lo suyo menos yo, que voy a lo mío”. Con esa idea nos hemos acercado a quienes mandan o quieren mandar para trasladarles un mensaje sencillo: en esta tierra existe una gran oportunidad para el futuro de Navarra. Un futuro cada vez más incierto que exige afrontar con determinación los retos que marcarán nuestro desarrollo durante las próximas décadas si queremos seguir siendo una región competitiva en Europa. Vivimos un momento de profundos cambios económicos, tecnológicos y sociales. La transformación digital, la transición energética, la competencia global y los cambios demográficos están redefiniendo las reglas del juego. Ante esta realidad, la Ribera tiene dos opciones: adaptarse y liderar el cambio o resignarse a perder oportunidades.
Estoy convencido de que contamos con los recursos, el talento y la capacidad necesarios para estar en el primer grupo. Y hemos puesto datos al relato. Recientemente publicábamos junto a la Oficina del Dato y Prospectiva del Gobierno de Navarra un estudio -otro más que esperemos no acabe en un cajón encima de otros tropecientos anteriores- que analiza con detalle la situación actual de la Ribera y sus principales desafíos. El primero es el de las infraestructuras y la conectividad. La competitividad de nuestras empresas depende cada vez más de la capacidad para conectar personas, mercancías y conocimiento. Mejorar las comunicaciones ferroviarias, desarrollar infraestructuras logísticas modernas y consolidar una red digital de calidad son elementos imprescindibles para atraer inversión y facilitar el crecimiento empresarial. No podemos permitir que nuestra ubicación geográfica se convierta en una desventaja cuando debería ser una fortaleza. Otro reto fundamental es el acceso al talento. Muchas empresas encuentran dificultades para cubrir perfiles vinculados a la industria, la tecnología, la digitalización o los oficios especializados. Necesitamos una mayor conexión entre el sistema educativo y las necesidades reales de las empresas. Pero también debemos entender la formación como una herramienta capaz de generar nuevas oportunidades, nuevos sectores y nuevas actividades económicas.
La cuestión demográfica merece igualmente una reflexión profunda. Garantizar servicios de calidad, vivienda accesible, oportunidades laborales atractivas y una oferta cultural y social dinámica será clave para consolidar la Ribera como un territorio donde las personas quieran vivir y desarrollar sus proyectos de vida. La inmigración es un factor clave también para este reto, debemos de cambiar las políticas que hasta hoy han estado centradas en la acogida y pasar a poner foco a la inclusión de estas personas en una sociedad que sin duda ya ha cambiado. No podemos repetir los errores de países vecinos. Es lo que nosotros llamamos la “amabilidad del territorio”. Pero junto a los desafíos existen enormes oportunidades. La primera es nuestra fortaleza industrial. La Ribera cuenta con empresas líderes en sectores como la agroalimentación, las energías renovables, la automoción, la logística o la fabricación industrial. Muchas compiten con éxito en mercados internacionales y generan empleo de calidad. La innovación representa otra gran oportunidad. La inteligencia artificial, la automatización o el análisis avanzado de datos están transformando todos los sectores económicos. Las empresas riberas han demostrado una gran capacidad de adaptación, pero debemos seguir impulsando la inversión en tecnología, investigación y desarrollo.
Especialmente en un sector tan arraigado a nuestra tierra como la agroindustria, a la que necesitamos aportar de una vez por todas el tan esperado Canal de Navarra. Una infraestructura que generaría beneficios económicos, sociales y territoriales tan evidentes que cuesta entender cómo seguimos así a estas alturas de la película. También la transición energética nos sitúa en una posición privilegiada. Disponemos de recursos excepcionales para el desarrollo de energías renovables y debemos aprovecharlos de forma equilibrada y sostenible para atraer nuevas inversiones. Pero quizá nuestro reto diferencial, y seguramente el más complejo, sea la gobernanza. Los grandes desafíos de nuestro tiempo no pueden abordarse desde posiciones aisladas. Empresas, administraciones, entidades educativas y organizaciones sociales debemos construir una visión compartida de futuro. La capacidad de cooperación será uno de los factores que determinarán el éxito de nuestro territorio. Desde AER tenemos un plan y queremos compartirlo. La Ribera tiene una posición estratégica, un tejido empresarial sólido, una cultura de esfuerzo profundamente arraigada y una enorme capacidad de adaptación. Si somos capaces de trabajar unidos, impulsar las inversiones necesarias y apostar por el talento y la innovación, seguirá siendo uno de los principales motores económicos de Navarra. Y Navarra difícilmente seguirá siendo lo que es sin una Ribera fuerte. El futuro no está escrito. Depende de las decisiones que tomemos hoy. Estoy convencido de que la Ribera dispone de todo lo necesario para afrontar con éxito los retos que vienen y convertirlos en nuevas oportunidades de crecimiento, bienestar y progreso. La pregunta es sencilla: ¿quién se apunta?
Rafael Loscos Sanz. Presidente de la Asociación Empresa Ribera (AER)