Opinión
"Esta visita además ha tenido la gran ventaja de que León XIV hable castellano con soltura"
"No es de extrañar que los integristas más acérrimos hayan aprovechado el encuentro con León -como si no hubiera otro asunto más importante en su visita- para decirle en inglés que tenía que hablar catalán, un galimatías bastante chusco"

Publicado el 14/06/2026 a las 19:00
Pasó el Papa en olor de multitudes, le aplaudieron a rabiar en todas partes, incluido el Congreso de los diputados, e incluidos los que se cuidan de felicitar la navidad para no contaminarse con la religión, junto a los que quieren prioridad para los de aquí, los que cojean de un lado o de otro, cada uno salvando del discurso lo que les conviene y Sánchez acercando el ascua a su sardina para tratar de lavar su imagen. España ha dejado de ser católica, dijo Azaña en el mismo Congreso hace casi 100 años. Qué diría hoy. La religión no tiene competencia posible, nunca va a desaparecer, porque ofrece un sentido: sentido a la vida entera, al sufrimiento, a los reveses de la fortuna. No es fácil resistirse a su oferta. Esta visita además ha tenido la gran ventaja de que León XIV hable castellano con soltura, una lengua que aprendió en Chiclayo, en Perú y eso -junto con la potencia del silencio- produjo cercanía, favoreció la comunicación, y mostró que es una bendición tener una lengua compartida, es decir, un sustrato común, una cercanía en el mensaje, el matiz y la emoción.
Sin el castellano, sin la oportunidad que nos da de tener un debate público sin necesidad de traducción ni interpretaciones, no habría país ni democracia posible. Cualquier proyecto igualitario y democrático requiere defender la lengua común, lo que hoy debería sonrojar a la izquierda que ha renunciado a ello. Esto no significa no reconocer las lenguas particulares, pero no a costa de sacrificar la que permite que nos entendamos todos. De hecho, cuando un lehendakari y un presidente de la Generalitat se reúnen, la utilizan sin problema. No es extraño que los integristas más acérrimos hayan aprovechado el encuentro con León -como si no hubiera otro asunto más importante en su visita- para decirle en inglés que tenía que hablar catalán, un galimatías bastante chusco, y eso, al parecer, por razones de amor y respeto, dicen, mientras desprecian una lengua tan propia y común en Cataluña como el castellano, que no quieren usar como si manchara.