Opinión
El error del Mosad
"El Mosad (Instituto de Inteligencia y Operaciones Especiales de Israel) subestimó gravemente la capacidad de resistencia del régimen iraní al considerar que una campaña intensa de bombardeos provocaría su rápido colapso"

Publicado el 14/06/2026 a las 05:00
Puede pasar a la historia como uno de los mayores errores estratégicos cometidos por un servicio de inteligencia a pesar de ser considerado uno de los más eficaces del mundo. El Mosad (Instituto de Inteligencia y Operaciones Especiales de Israel) subestimó gravemente la capacidad de resistencia del régimen iraní al considerar que una campaña intensa de bombardeos provocaría su rápido colapso. Se daba por hecho que las tensiones internas acabarían aflorando y que las distintas minorías étnicas y facciones políticas iraníes aceleraría la descomposición del régimen que caería como un castillo de naipes. Netanyahu convenció a Donald Trump de que la desaparición del régimen iraní constituiría su mayor logro y que pasaría a la historia como el presidente de Estados Unidos que recuperó la estabilidad en Oriente Medio. Trump aceptó el plan de Netanyahu, a pesar de las reservas de sus servicios de inteligencia, y ahora se siente frustrado y furioso, según medios de Estados Unidos, porque no vislumbra una salida satisfactoria, a pocos meses de las elecciones legislativas de noviembre.
Más de tres meses después del comienzo de los bombardeos, el régimen iraní sigue en pie dirigido ahora por los militares más radicales de la Guardia Revolucionaria, controlando el estrecho de Ormuz y con sus sistemas de lanzamiento de misiles y drones aparentemente intactos. El grave error de cálculo del Mosad ha provocado una decepción enorme entre los israelíes porque son conscientes de que ha fracasado el plan de acabar con Irán. El descalabro obliga a Israel a hacer un profundo replanteamiento de su posición futura en la región, mientras que para Netanyahu puede representar el epílogo de una larga carrera política marcada por su empeño en neutralizar la amenaza iraní. A Netanyahu le persigue además la posibilidad de ser encarcelado por varios delitos vinculados a sobornos, fraude y abuso de confianza. Israel se enfrenta, de esta forma, a una complicada disyuntiva al caer por sus propios errores en la trampa fatídica del conflicto con Irán. En este ambiente de profunda crisis, los israelíes acudirán a las urnas el próximo mes de septiembre con la sensación de afrontar un conflicto interminable que está agotando a un país de menos de 10 millones de habitantes.
Una mayoría de israelíes teme, además, que Estados Unidos pierda interés en la defensa del país porque Trump presiona cada vez más para acabar con la invasión de El Líbano, limitar la ocupación de Gaza y aceptar unas mínimas condiciones de alto el fuego con Irán. Preocupa también el deterioro de la imagen internacional de Israel y la tendencia de Washington a disminuir su presencia en Oriente Medio, al igual que en Europa, para concentrar sus esfuerzos en el área de Asia-Pacífico. Ello supone que Israel correría el riesgo de verse mucho más amenazado por el sur (Hamas), el norte (Hezbollah) y los drones y misiles iraníes, salvo que apueste por un cambio en la relación con todos los países árabes (como los acuerdos Abraham) y el reconocimiento a un estado palestino. Se esfuman, igualmente, las aspiraciones de los sectores más nacionalistas a consolidar el Gran Israel que consistiría en adueñarse de todos los territorios ocupados desde 1967, sepultar la posibilidad de un estado palestino y anexionarse todas las tierras desde el Nilo al Éufrates.
Los errores de la guerra contra Irán obligarán al nuevo gobierno israelí que salga de las elecciones de septiembre a diseñar una estrategia completamente diferente para evitar que el país siga atrapado en una agotadora guerra permanente. Solo un enfoque audaz podrá sentar las bases de una paz duradera entre árabes y judíos, a partir de una solución viable y estable para el pueblo palestino.