Opinión
La desconexión aérea de Navarra
"¿Pero qué ha cambiado exactamente? ¿Dónde están los informes técnicos que justifican ese giro? ¿Qué análisis comparativo se ha realizado con otros aeropuertos similares?"

Publicado el 12/06/2026 a las 18:06
La nueva licitación anunciada por el Gobierno de Navarra para mejorar la conectividad aérea del aeropuerto de Pamplona vuelve a abrir un debate de fondo que va mucho más allá de si Navarra debe tener más vuelos o menos. Para empezar, porque llega tarde: todas las regiones de nuestro alrededor nos sacan años de ventaja, lo que les ha permitido establecer relaciones con aerolíneas mucho antes que Navarra. Y esto plantea una cuestión aún más relevante: si existe realmente una estrategia seria, basada en análisis rigurosos y criterios objetivos, o si simplemente se están tomando decisiones improvisadas para transmitir la sensación de que “se está haciendo algo”. Una ruta puede parecer atractiva, pero dependiendo del número de pasajeros que genere y de la compañía aérea que se trate, será viable o no. El Ejecutivo foral acaba de anunciar una nueva licitación de cinco millones de euros para captar operadores interesados en ofrecer vuelos nacionales desde Pamplona. El planteamiento supone incrementar en un millón el presupuesto inicialmente previsto y abandonar, al menos por ahora, la idea de impulsar conexiones internacionales. La explicación oficial es que el contexto internacional no es favorable debido a la escasez de aeronaves –algo difícil de entender cuando tanto Boeing como Airbus entregaron el año pasado más aviones que en 2024 y, a abril de 2026, son 371 más–, los problemas de suministro y las tensiones geopolíticas.
¿Pero qué ha cambiado exactamente? ¿Dónde están los informes técnicos que justifican ese giro? ¿Qué análisis comparativo se ha realizado con otros aeropuertos similares? Frente a estas justificaciones, Eurocontrol, la organización encargada de coordinar y gestionar el tráfico aéreo en gran parte de Europa, ha confirmado que el sistema aéreo europeo ha entrado en una fase de crecimiento, un 4% en 2025. Esta misma entidad subraya que la recuperación no es homogénea y que existen territorios que aprovechan activamente este ciclo expansivo frente a otros que se quedan rezagados y lo achaca a decisiones estratégicas, políticas y de posicionamiento institucional. Lo preocupante no es tanto el cambio de criterio en la licitación navarra como la sensación de ausencia de una planificación sólida detrás de cada decisión. Hace apenas unos meses se defendía públicamente una estrategia basada en cuatro rutas -dos nacionales y dos internacionales- con destinos concretos ya planteados sobre la mesa. Aquella licitación quedó desierta.
Ahora la solución parece consistir simplemente en poner más dinero y reducir las ambiciones iniciales, sin indicar qué destinos queremos y sin tener una visión clara de las aerolíneas sobre los destinos que son capaces de cubrir, aspecto clave que marca las opciones reales de Navarra. En principio parece acertado concentrar esfuerzos en un par de destinos con alta probabilidad de éxito que abrir muchas rutas más débiles. Aquí hemos sido testigos de cómo la estrategia aérea pasaba del departamento de industria al de turismo, cuando seguramente quien debiera liderar y mostrar a todos los agentes implicados, sobre todo a las aerolíneas, un interés genuino por traer vuelos a Navarra es Presidencia. Porque la conectividad aérea no es un asunto exclusivamente turístico (emisor y receptor). Tiene implicaciones económicas, empresariales, universitarias y de atracción de talento. Afecta a la competitividad de una comunidad que aspira a seguir siendo industrial, exportadora y abierta al exterior. La cuestión no es pedir vuelos “porque sí”, sino definir con claridad qué papel debe desempeñar el aeropuerto de Pamplona dentro del posicionamiento económico de Navarra. Y para eso hace falta mucho más que licitaciones apresuradas, que suenan, a estas alturas, como a parche.
Se debe identificar con rigor la demanda real existente. ¿Qué rutas tienen verdaderamente potencial? ¿Qué perfiles de viajeros se quieren captar? ¿Qué necesidades tienen las empresas navarras? ¿Qué conexiones resultan estratégicas para la internacionalización, la universidad, los centros tecnológicos o el turismo de calidad? ¿Qué rutas pueden aportar las aerolíneas? Hay que implicar y movilizar a todos los agentes navarros. No olvidemos que un vuelo no solo sale de Pamplona, sino que trae a la capital visitantes de otras regiones o países. ¿Todo esto se ha tenido en cuenta? La estrategia debería incluir cuál debe ser el modelo aeroportuario de Navarra en un entorno donde existen infraestructuras próximas como Bilbao, Zaragoza o Biarritz. O cómo aprovechar realmente las ventajas competitivas de Pamplona. O qué coordinación existe con AENA y con la estrategia logística e industrial de la Comunidad foral. Las aerolíneas no solo necesitan subvenciones, necesitan sobre todo costes competitivos que les resulten viables en su cuenta de resultados. El aeropuerto de Pamplona no solo compite con nacionales como Bilbao, o Zaragoza, compite con Biarritz, con Bergamo o con Agadir… Si conseguimos que Pamplona sea mas competitivo en costes que cualquier otro aeropuerto, las aerolíneas, todas, se van a encargar de traer tráfico porque las rutas les saldrán rentables. Navarra necesita mejorar su conectividad. Pero hay que hacerlo con rigor. Las ayudas, que serán necesarias en un principio, deben de ser temporales y vinculadas a resultados. Lo ideal sería evitar subvenciones permanentes. Navarra merece una estrategia aérea contundente, coherente y estable, alineada con sus necesidades económicas y empresariales reales.
José María Aracama Yoldi. Vicepresidente del think tank Institución Futuro.