Opinión

"Y en esas estaba, con el estómago cerrado sin comer, que antes la Selectividad, la PAU, empezaba por la tarde, cuando bajé al portal y vi que había carta en el buzón"

En estos precisos momentos miles de navarros hacen cálculos para ver si sus notas en la PAU les alcanzarán para entrar en su universidad soñada

Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra
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Íñigo González

Publicado el 11/06/2026 a las 05:00

Hace 27 años recibí una carta. Posiblemente, la segunda que más alegría me ha traído en mi vida. De la primera — la confirmación de la consejería de Vivienda de que nos concedían nuestra casa—, ya hablaré en otra ocasión. Que tuvo miga. No. Esta llegó antes. Y la abrí tal día como hoy de 1999. Ya ha llovido. Y de entre las muchas cosas que decía, siempre recordaré tres palabras: “Ha sido admitido” .

En estos precisos momentos miles de navarros hacen cálculos para ver si sus notas en la PAU les alcanzarán para entrar en su universidad soñada, en el grado deseado. Todo un galimatías numérico de onces, doces y treces (¿dónde quedó el 10 como símbolo de la excelencia?) que determinará si finalmente les cogen en Ingeniería Bioquímica, en Medicina o, por qué no, Periodismo. Ese guirigay, que tan ansiosa tiene a la chavalería y sus familias, resuena estos días en la redacción con los compañeros que recogen los testimonios de algunos de los alumnos más brillantes de esta tierra. Y con ellos viajo en mi memoria.

Siempre tuve claro que quería trabajar en Diario de Navarra y estudiar periodismo. Por ese orden. Así que en aquel verano de fin de siglo llegué a mi Selectividad con los dedos comidos por los nervios sabedor de que, si no aprobaba, la cosa se pondría verdaderamente chunga. Pertenecía a la última promoción de COU, habíamos competido 1.200 aspirantes en el examen previo de la Universidad de Navarra por las 300 plazas de Comunicación y los tres días de pruebas finales parecían un obstáculo insalvable. 

Y en esas estaba, con el estómago cerrado sin apenas comer, que antes la Selectividad empezaba por la tarde, cuando bajé las escaleras del portal y vi que había carta en el buzón. Facultad de Comunicación, rezaba el membrete. Universidad de Navarra. Y la abrí temblando para leer las tres palabras mágicas. Ha sido admitido. Gozo, alivio, ilusión, calma. Así me pude presentar al primer examen de la PAU. Era Inglés, por cierto.

Hoy, sonriendo, envidio un poco a estos estudiantes, vayan donde vayan. Porque sé que les espera una aventura fascinante, cuatro años de saber y descubrir, de hacer amigos inolvidables y ensanchar la mente. De vivir y aprender. Y sin que les duela aún la espalda, o las rodillas. ¿Se puede pedir más?

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