Opinión

"Eran policías que hacían comunidad, pero eran también padres, hijos, hermanos, parejas, amigos más allá del uniforme. Y eran cinco"

"No me quito de la cabeza la imagen de los policías forales que tomaron el relevo en la muga con Navarra y arroparon hasta Pamplona a los vehículos fúnebres"

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Jose Murugarren

Publicado el 08/06/2026 a las 19:00

Hay golpes tan secos que solo se aguantan si nos arrimamos todos, muy juntos, como si nos protegiéramos bajo el mismo escudo frente al dolor. Decía el filósofo que la pérdida es una quiebra del alma, una campana que ruge ante la ausencia sobrevenida. Ese hueco no es un silencio; es una herida abierta. Llegaron hasta aquí rodeados de proyectos y de biografía. Eran policías que hacían comunidad, pero eran también padres, hijos, hermanos, parejas, amigos más allá del uniforme. Y eran cinco. Mintxo Sola, Jesús Vidaurreta, Miguel Crespo, Juan Martín Domínguez y Miguel Antonio D’ Entremont. Los hemos llorado en la calle, en los corrillos espontáneos, en el tanatorio, en la catedral y en cada rincón donde su vitalidad era rutina. En Beloso, imagino las taquillas que toca vaciar en un silencio angustioso. Recuperar los objetos es meter retazos de un compañero en una caja de cartón. Y zambullirse en su recuerdo. Descolgar la chaqueta de repuesto. Recoger el cargador del móvil. La foto familiar pegada con celo en la puerta de la taquilla. Y las botas limpias esperando un turno que ya nunca va a suceder, como constatación de esa ausencia. 

La pérdida es la confirmación de que el orden de las pequeñas cosas cotidianas se ha roto. El consuelo, aprender a mirar ese desorden buscando nueva serenidad. Imagino a esos otros agentes -los patrulleros de la Ertzaintza- a los que el aviso por emisora pudo sorprender a pocos kilómetros de la bifurcación. Pienso en lo terrible de llegar al lugar del desastre, bajar del coche con el corazón en un puño, y tener que ponerse el chaleco reflectante para organizar el tráfico. Dar el alto. Desviar los coches. Sostener la mirada de los conductores ajenos a la tragedia cuando ya sabes que los cuerpos son policías como tú; compañeros. No me quito de la cabeza la imagen de los policías forales que tomaron el relevo en la muga con Navarra y arroparon hasta Pamplona a los vehículos fúnebres. Los imagino ahogando el llanto por disciplina, porque alguien tiene que custodiar el orden en el asfalto mientras se desgarran las costuras por dentro. Alguien tiene que sujetar el mundo mientras el tuyo se desmorona. Que la tierra los recoja en este último viaje. Y que el recuerdo y abrazo de los vivos alivie del frío a quienes se quedan a la intemperie.

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