Opinión

La industria navarra y el nuevo orden económico

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José Ramón Lacosta

Publicado el 07/06/2026 a las 05:00

Hace unos días tuve la ocasión de escuchar dos conferencias que, desde perspectivas diferentes, abordaban una misma cuestión: cómo está cambiando el mundo y qué consecuencias tendrá para nuestras economías. La primera, impartida en la AIN, corrió a cargo de Fernando Arancón, director de El Orden Mundial; la segunda, por parte de Pedro Videla, profesor del IESE. Ambos llegaron a una conclusión similar: estamos entrando en una nueva etapa económica y geopolítica que exigirá importantes adaptaciones a empresas, regiones y países.

Durante décadas vivimos bajo un modelo basado en la apertura comercial, la globalización y la búsqueda de la máxima eficiencia económica. Las empresas producían donde era más barato, las cadenas de suministro se extendían por todo el planeta y los acuerdos internacionales contribuían a reducir barreras y conflictos.

Este modelo ha cambiado. El centro de gravedad económico mundial se está desplazando desde Occidente -Estados Unidos era principal socio comercial de la mayoría de los países del mundo- hacia Asia, que representa ya cerca del 44% de la economía mundial y donde China produce alrededor del 35% de toda la manufactura global.

Pero el cambio más profundo quizá no sea económico, sino político. Tras la Segunda Guerra Mundial, las principales potencias impulsaron un sistema internacional basado en instituciones comunes, reglas compartidas y cooperación económica: el multilateralismo. Naciones Unidas, el FMI, el Banco Mundial, el GATT o posteriormente la OMC surgieron para favorecer el crecimiento económico y evitar que el mundo volviera a caer en la dinámica de confrontación.

Este orden mundial imperfecto contribuyó a crear uno de los periodos más prósperos de la historia. Sin embargo, asistimos ahora a una progresiva pérdida de peso de este orden multilateral. Los acuerdos globales son más difíciles de alcanzar, las instituciones internacionales tienen menos capacidad para influir en el comportamiento de los Estados y las grandes potencias actúan cada vez más guiadas por sus propios intereses nacionales. La lógica del beneficio compartido está cediendo terreno a la lógica de la competencia estratégica y la geopolítica vuelve a condicionar la economía.

¿Qué implican estos cambios para Navarra y su industria? Nuestra comunidad parte de una buena posición y ya posee muchas de las fortalezas valiosas para este nuevo escenario: somos la economía más industrializada de España, contamos con empresas internacionalizadas y poseemos capacidades tecnológicas relevantes. Desde Institución Futuro consideramos que debemos convertir esas fortalezas en una estrategia explícita de competitividad a través de las siguientes prioridades.

-Reforzar y sofisticar nuestra industria. Los países más fuertes son los que conservan una base industrial sólida. Navarra debe seguir apostando por sectores como la automoción avanzada, las energías renovables, la agroindustria o las tecnologías de salud, incrementando su contenido tecnológico y su innovación.

-Aprovechar la reindustrialización europea. Bruselas busca recuperar capacidades productivas consideradas estratégicas y reducir dependencias exteriores. Navarra las tiene y cuenta con un tejido empresarial excelente.

-Convertir Navarra en un territorio especialmente atractivo para invertir. Cuando las empresas buscan seguridad, estabilidad y previsibilidad, factores como la calidad institucional, la agilidad administrativa, la seguridad jurídica o una fiscalidad acorde pesan cada vez más en las decisiones empresariales.

-Disponer de la energía necesaria y de las infraestructuras adecuadas. La competitividad futura dependerá en gran medida de ellas: energía abundante y competitiva, redes eléctricas robustas, buenas conexiones con Europa, suelo industrial disponible y una conectividad física y digital adecuada. En este contexto, infraestructuras como el TAV, las conexiones internacionales o el propio aeropuerto adquieren una dimensión estratégica.

-Reforzar la internacionalización y diversificar mercados. Europa seguirá siendo nuestro principal destino exportador, pero el crecimiento económico de las próximas décadas se concentrará en otras regiones. Las empresas navarras deberán aumentar su presencia en Norteamérica, India, Sudeste Asiático, Oriente Medio y otras economías emergentes.

-Ganar tamaño empresarial y capacidad de innovación. Las empresas medianas y grandes disponen de más recursos para invertir, innovar, exportar y gestionar riesgos. Navarra necesita más empresas tractoras y una colaboración aún más intensa entre empresas, universidades y centros tecnológicos.

-Atraer y desarrollar talento. Ningún proyecto industrial tendrá éxito sin personas cualificadas. Formación profesional, universidad, vivienda, calidad de vida y oportunidades laborales forman parte de una misma política de competitividad territorial.

-Y posiblemente la más importante, construir una estrategia compartida de competitividad para Navarra. Los territorios que prosperan suelen tener objetivos claros y estables en el tiempo. Más allá de los ciclos políticos, Navarra necesita consensos duraderos en torno a la industria, la innovación, las infraestructuras, la energía, la atracción de inversiones y el talento.

Navarra no puede influir en la rivalidad entre Estados Unidos y China ni en las tensiones geopolíticas que están redefiniendo el orden mundial. Pero sí puede decidir cómo prepararse para ese nuevo escenario: apostar por la industria, por el talento, por la innovación, por las infraestructuras y por la competitividad. Es, probablemente, la condición necesaria para prosperar en el nuevo orden económico que está emergiendo.

José Ramón Lacosta Aznar. Presidente del think tank Institución Futuro.

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