Opinión

"Ha habido una extraña asimilación de la gente fea con la buena gente y viceversa, un esquema que no se sostiene; hay callos con muchísima mala leche y gente guapa por dentro y también por fuera"

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Chapu Apaolaza

Publicado el 02/06/2026 a las 19:00

El cantante, o lo que Dios quiera que sea, Bad Bunny ha montado en sus conciertos una casita a la que sube la gente a bailar con él y a cantar, o lo que Dios quiera que hagan, y no sube ni una fea. Todos son mulámenes y ricas herederas, como de imperio textil.

A mí bailar con herederas no me parece mal, teniendo en cuenta que bailé con la mismísima Carolina de Mónaco un pasodoble agarrado. Sin embargo, resulta evidente cómo el ídolo del show business de izquierdas, el que se enfrentó a Trump y llevaba adelante la lucha y el abrazo partido contra el capitalismo, la gentrificación y la visión tan facha de la mujer como objeto, se rodee en sus conciertos de ricas herederas y señoras de buen ver.

Debe de entenderse de una maldita vez que el ser humano es humano y que son evidentes todas sus debilidades; conviene aceptar que vivimos en el mundo en el que vivimos y que, para bailar junto a Bad Bunny, favorece tener una buena cartera y dos buenas cachas.

Sin duda, la belleza ha sido atacada por cierta izquierda en cuanto supone una virtud —con perdón— desigual y escasa. Hay gente muy guapa en la medida en que hay otra más fea, pónganse como se pongan las campañas del monasterio de Igualdad en las que aparecía una señora peluda tirada en la playa. Ha habido una extraña asimilación de la gente fea con la buena gente y viceversa, un esquema que no se sostiene, pues es sabido que hay callos con muchísima mala leche y gente que es guapa por dentro y también por fuera.

Las del concierto de Bad Bunny eran guapas objetivables y, cuando las vi, me acordé de otras mujeres convertidas en iconos de la izquierda, como María Jesús Montero o Leire Díez, que compartían, al parecer y según se ha publicado, una intimidad especial con el exjefe de la SEPI, Vicente Fernández, que tiene nombre de cantante de rancheras y zezenzuskos en la bragueta, como dice Asier, a juzgar por su lista de presuntas amantes.

La diversidad de conceptos de belleza ha salvado buena parte de nuestra civilización. Habría que imaginar qué guerras no hubiéramos librado si a todos nos gustara exactamente lo mismo.

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