Opinión
Peligro: Putin tiene miedo

Publicado el 31/05/2026 a las 05:00
El Kremlin ha aconsejado a los países que tienen embajadas en la capital ucraniana que evacúen a todo su personal diplomático de Kiev, porque es inminente un bombardeo masivo. Marco Rubio, el secretario de Estado norteamericano lo confirmó el pasado lunes, un día después del ataque de la noche del sábado al domingo con drones y misiles hipersónicos sobre Kiev y otros puntos del país. El jueves, día 28, el embajador ruso en la ONU, Sergei Soigu, dijo que el aviso de Moscú “no es broma”.
La amenaza sobre Kiev llega en un momento en que el presidente ruso está acorralado, intentando mantener a raya a la oposición interna, reafirmar las alianzas con los países que le quedan de lo que fue la Unión Soviética y sostener unas tropas desmoralizadas que están perdiendo terreno en Ucrania después de cinco años de una guerra que se suponía iba a ser rápida.
Había superioridad militar y económica. Ucrania era un país inestable y dividido con muchos problemas. Rusia parecía una potencia próspera y estable. Todo parecía estar del lado de Moscú.
Pero ha pasado el tiempo y el resultado ha sido muy distinto al que se esperaba. El ejército ucraniano no se ha rendido, y ha acabado dando la batalla no sólo sobre el terreno, sino en las nuevas tecnologías.
El año pasado, en su discurso ante la asamblea general de la ONU, Volodimir Zelenski ya avisó que no se podía seguir haciendo la guerra con misiles que cuestan millones de dólares como sistema de defensa contra drones que cuestan tan sólo miles de dólares y son más ágiles y más efectivos. Un año más tarde, los países del Golfo le están pidiendo asesoramiento para establecer sus defensas anti-drones y protegerse así de las bombas de la guerra de Irán de una forma más segura que la que les ofrecen los misiles estadounidenses.
Un informe de la BBC mostró el sábado imágenes de dos soldados rusos que deponían las armas y se rendían con las manos en alto y el miedo en los ojos… a un dron.
La máquina les daba las instrucciones de lo que debían hacer y a dónde debían dirigir sus pasos para acabar quedando prisioneros de las tropas ucranianas.
El dron no era como los que estamos acostumbrados a ver: esos ruidosos aparatos voladores o los perros sin cabeza que salen en algunos desfiles, sino una especie de vehículo todoterreno ligero y, al parecer, silencioso, equipado con cámaras y armas de fuego que permite a sus operadores coger por sorpresa al enemigo y apuntar a los soldados de carne y hueso con tanta eficacia que no les deja otra elección que la muerte o la rendición.
La manera de hacer la guerra está cambiando. Ahora ya no basta con ser el más fuerte y el más grande si enfrente hay un adversario que domina una tecnología que evoluciona en cuestión de pocas semanas.
Dicen que Vladimir Putin acortó el desfile de la victoria en la Plaza Roja de Moscú por miedo a los drones ucranianos. No es de extrañar. Como sus predecesores de la Unión Soviética, pasa mucho tiempo escondido en búnkeres y está obsesionado con su seguridad personal.
Putin también ha dicho ya en varias ocasiones que la guerra de Ucrania va a terminar pronto. Pero todavía le queda un factor de superioridad que es bastante siniestro: con la historia de estos años, el bombardeo del fin de semana y la advertencia al cuerpo diplomático de Kiev, demuestra que no tiene inconveniente en utilizar sus armas más letales sobre la población civil.
Olga Brajnovic es periodista.