Opinión
"Pronto habremos dejado de pelear por el número de alumnos por aula y solo hablaremos del número de pantallas por aula"

Publicado el 30/05/2026 a las 05:00
En el debate educativo vuelve a discutirse sobre las ratios a raíz de un decreto del Gobierno que reduce ligeramente el número de alumnos por aula, y también de algunos estudios que ponen en entredicho la eficacia de la medida. Recuerdan estos a la clásica salida del cuñado en cena de Nochebuena: “Pues nosotros éramos más de cuarenta en el aula y no nos ha ido tan mal”.
No es buena idea apelar a la experiencia biográfica como patrón de medida de las cosas; uno se arriesga a que lo refuten haciéndole una foto donde no sale tan favorecido como pensaba. Buena parte de quienes idealizan su paso por la escuela y el instituto han salido adelante a trompicones, sorteando sus carencias técnicas y sus lagunas culturales a base de ingenio adaptativo o de esfuerzos suplementarios que no habrían sido precisos si hubieran recibido una educación menos hacinada.
En la legión de los ‘boomers’ no faltan los talentos, desde luego, pero junto a ellos abunda el zoquete satisfecho que confunde el éxito vital con la supervivencia en la medianía. Ni éramos mejores entonces ni lo somos ahora, pero nadie nos puede privar del derecho a sentirnos triunfadores. Pero que no nos haya ido tan mal, ejem, después de educarnos como sardinas en lata no significa que cierta holgura en las aulas no vaya a favorecer la mejora de calidad de la enseñanza.
En medio siglo las condiciones del aprendizaje han variado considerablemente. De acatar a ciegas la autoridad del maestro, reforzada además por la colaboración familiar, hemos pasado a cuestionarla. Nada queda de los grupos homogéneos de antaño. Las programaciones abiertas y flexibles han sustituido a los rígidos temarios recitados por el profesor desde la tarima.
La escuela ya no es privilegio de unos pocos escogidos, sino derecho de todos. Lo que quizá sirviera en una época hoy resultaría inconcebible, pero eso no impide que una medida tan elemental y tan reclamada por los docentes como la reducción de ratios siga tropezando con obstáculos. Los nuevos cuñados no hablan desde la barra del bar, sino desde las tribunas económicas y los foros de una tecnopedagogía productivista que a este paso va a acabar adueñándose de nuestras escuelas. Pronto habremos dejado de pelear por el número de alumnos por aula y solo hablaremos del número de pantallas por aula.