Editorial
Sánchez y la anormal normalidad socialista
Los escándalos, los registros de la UCO y las imputaciones judiciales se suceden en el PSOE. Nada de ello hace mella en Sánchez, que ni se plantea convocar elecciones pase lo que pase

Publicado el 28/05/2026 a las 05:00
Los escándalos se suceden en torno al Partido Socialista sin apenas descanso. Con los ecos de la imputación del expresidente Zapatero aún resonando, y de qué manera, este martes el protagonismo fue para el caso Leire. Agentes de la UCO de la Guardia Civil volvieron a personarse en la sede del PSOE en la calle Ferraz para requerir información solicitada por el juez de la Audiencia Nacional.
Por si fuera poco, la misma Audiencia ha imputado en este caso a la gerente del Partido Socialista y al navarro Santos Cerdán, cuyo domicilio fue visitado durante la jornada por agentes de la UCO y al que el juez atribuye nada menos que un papel superior en un trama para desestabilizar causas judiciales que afectan al PSOE y al Gobierno. El magistrado también está indagando en la actuación de otros dos miembros destacados del PSOE.
Esta es la insólita e insostenible anormal normalidad que viene sacudiendo desde hace meses al Partido Socialista que dirige Pedro Sánchez, que sigue actuando como si su persistencia en la presidencia del Gobierno fuera un fin último e irrenunciable al que los ciudadanos deben estar agradecidos. Hasta el punto que se permite bromear e ironizar, maldita la gracia, con los motivos de su negativa a un adelanto electoral.
No hay cabida para el humor cuando la marea de escándalos sobre presunta corrupción azota con virulencia al principal partido del Gobierno de España. En esto ha convertido Sánchez al PSOE, camino de una deriva sin fin, en el que, a la espera de lo que dictamine la Justicia, ni la imputación de dos secretarios de organización, ni de una gerente, ni de un expresidente, provocan una reacción interna de respuesta, más allá de alguna voz disonante.
Ni siquiera le hace mella al líder del Ejecutivo, que la comparecencia pública después de su encuentro con el Papa estuviera centrada en los escándalos que sacuden a su partido. Su papel pasa por reconocer de aquella manera la gravedad de las investigaciones, “ya veremos en qué acaban” apostilló, y en recalcar, cómo no, que no “impugnan en absoluto lo que está haciendo el Gobierno y las fuerzas progresistas en favor de los avances sociales y económicos”.
Como si el fin pudiese justificar un camino que, a la vista de los hechos, es, cuando menos, ética y estéticamente más que reprobable. La resiliencia de Sánchez no tiene fin, y sus socios, más allá de palabrería, le siguen sosteniendo la mano en una legislatura cuya continuidad es insostenible.