Opinión
'El pesebre', un refugio ante las nuevas elecciones

Publicado el 28/05/2026 a las 05:00
Próximas las posibles elecciones municipales, autonómicas y generales (verano del 2027) las sedes de los partidos políticos, desiertas durante estos tres años, se llenan de afiliados y simpatizantes para demostrar su ferviente amor por sus siglas, su impresionante trabajo en el cargo desempeñado y su dilatado currículo.
Hay muchos aspirantes y pocos cargos. Por eso es el momento de lavar la imagen de la manida frase: “todos los políticos son iguales” y de regenerar ese concepto. Porque la política es la actividad más noble del ser humano y supone un sacrificio personal en favor de los intereses generales y el bien común. Por contra, se ha transformado para algunos en refugio para medrar y buscar beneficios propios a cambio de la docilidad y sometimiento absoluta hacia su jefe.
A veces, por desgracia, se confunde la lealtad con la subordinación, de manera que para ser afiliado y dar “el triple salto” es suficiente con aplaudir y vivir en torno a la cúpula.
No olvidemos que los presidentes tienen fecha de caducidad y los partidos permanecen con sus doctrinas. Navarra no es ajena a esta posible deriva. Los afiliados no deben ser de Chivite, Ibarrola, Barkos, Aznal, García o Mauleón, que son pasajeros; por encima de ellos están los partidos con sus ideologías y con el objetivo de fomentar el bien del municipio, de la ciudad o de la foralidad navarra. Por desgracia, a veces, solo importa barnizar una gestión que se rentabilice en términos electorales.
La democracia necesita de los partidos, pero cuando estos se transforman durante los cuatro años como plataformas electorales, y la disciplina de voto se antepone a las necesidades de los ciudadanos, se asfixian y se ahogan las ideas, los debates, las críticas y los renovados pensamientos. Ante este viraje, los partidos pueden desnaturalizarse, pervertirse y perder el poso de las ideas, de la crítica y es posible que provoque la mentira, la traición y, a veces, la corrupción.
De ahí que los partidos deben regenerarse y buscar personas que sirvan al pueblo y luego regresen a sus puestos. Para algunos lo importante es el pesebre, ya que fuera de la política se pasa mucho frío; hay personas que se afiliaron en las Juventudes y hoy han rebasado el medio centenar de años y se mantienen en cargos; nunca han trabajo fuera de la política. En estas nuevas elecciones del 2027, los jefes de fila deben ser valientes para reemplazar y renovar a barones vitalicios, que hacen de la política su único modo de vivir y no tienen ni oficio ni beneficio.
En esta misma línea el pueblo de Navarra está pidiendo a gritos que se reduzca de 30 a 40 el número de parlamentarios, pero nadie mueve ficha por conveniencia. Como afirmaba el filósofo alemán Nietzsche, “el poder es el afrodisíaco más potente para todo ser humano”.
Para dar sensación de democracia en anteriores legislaturas se constituyó el sistema de primarias, pero no dio resultado porque era un enfrentamiento personal de candidatos, el miedo a ser juzgados y valorados por vecinos del lugar y porque es mucho más cómodo y seguro ir en una lista cerrada sin riesgos y avalado por la agrupación.
En suma, la sociedad se encuentra desencantada por los casos de corrupción y por la forma de vivir y comportarse de muchos políticos, por eso necesitamos formaciones atractivas, que prometan y cumplan con su ideario, pero que sean servidores de la sociedad. Hay que volver a valorar a los cargos públicos, que defiendan la pluralidad, respeto y tolerancia.
Luis Landa el Busto es escritor e historiador.