Opinión

El desafío de sortear medias verdades

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Francisco Errasti

Publicado el 27/05/2026 a las 05:00

Las campañas electorales son el caldo de cultivo propicio no solo para realizar promesas que los propios políticos saben que no las van a cumplir, sino que, además, son imposibles. La vivienda ejemplifica, como ninguna otra, el maltrato sin fisuras que viene recibiendo con propuestas que pretenden atraer el beneplácito de la población y no han hecho más que ser pasto de una nueva decepción. Es uno de los más importantes problemas que tenemos y cada nueva solución política -en realidad, un engendro tras otro- empeora su perspectiva. ¿Mienten solo por mantener una falsa ilusión?

Lo que más abunda en la política no es la mentira que, en su desnudez, es más fácilmente desmontable, sino las medias verdades que son más complejas de desenmascarar. Uno de los campos donde proliferan es en el ámbito de la economía -como la citada vivienda- que afecta de manera preponderante a toda la población. La media verdad enseña únicamente la parte convexa de un problema y esconde, a sabiendas, el lado cóncavo del mismo.

Para poner de manifiesto que las cosas se están haciendo bien, ha hecho fortuna la afirmación de que estamos en “el lado correcto de la historia”. Pero la economía no entiende de ensueños y menos todavía de señuelos que distraigan la atención de la gente. Solo sabe de cuestiones prácticas, de las que se tocan y sufren cada día, (por ejemplo, en el mercado), cuando se comprueba que el precio de los huevos o del tomate, de la carne y la fruta no se satisface con el dinero de hace quince días. Y a pesar de la inflación que afecta a toda la población y tiene efectos devastadores sobre todo en la clase media trabajadora, el gobierno -también el foral, siguiendo como siempre las pautas del gobierno central- no actualiza con la inflación los tramos del impuesto de la renta y aumenta los impuestos sin decir que lo hace. La recaudación fiscal resulta de este modo -también en Navarra- histórica y no deja de ser perjudicial para mucha gente. La inflación nos somete a un empobrecimiento oculto y el gobierno lo “oculta más”.

El ministro de Economía, satisfecho consigo mismo y el cargo que ostenta, declaró recientemente: “El mayor alivio fiscal se ha producido en las rentas medias y bajas; hemos contribuido a que el poder adquisitivo de los ciudadanos haya subido por encima de países de nuestro entorno”. Es una afirmación que, de no ser cierta y se ha demostrado que no lo es, resulta difícilmente desmontable si no es a base de un estudio en profundidad que ya se ha realizado y publicado. Una vez más, un partido que dice proteger a los más débiles utiliza un juego de manos para decir lo que no es cierto y que la gente se lo crea, aunque cuando se enfrenta a la realidad despierta de su ensueño.

“El impuestómetro 2026”, el informe anual sobre fiscalidad que elabora el Instituto Juan de Mariana, señala que el actual gobierno entre el año 2018 y el año 2026 ha realizado 141 subidas de impuestos y cotizaciones: 63 son subidas explícitas; 46 son subidas encubiertas y 32 responden a subidas catastrales. El mayor aumento recaudatorio de la democracia. Nadie diría, salvo que sea un entendido, que esto sea así, pero los hechos son tenaces y no admiten la retórica envuelta en afirmaciones poéticas que ensombrecen la verdad. El poder siempre ha recurrido a la manipulación del lenguaje que, en su falsa envoltura, quiere parecer oro cuando es un vil metal.

Una de las manipulaciones en el lenguaje y en la información se ha originado cuando el gobierno saca pecho al mostrar las cifras del crecimiento del PIB español (Producto Interior Bruto), uno de los mayores de los países de nuestro entorno. Esto es verdad, pero no se señala que solamente es fruto del aumento de la población inmigrante y del gasto público. Consecuencia: no tiene efectos en el reparto de la riqueza por habitante que sigue en un insólito estancamiento. Los datos más recientes de Eurostat revelan que el PIB per cápita de nuestro país se situó en 28.320 euros en 2025; Italia está en 33.080 €, Francia en 38.330€, Alemania en 43.210€ y la media de la zona Euro ( 21 países en 2026) es de 36.940€. ¿En qué queda el número uno en el ranking del incremento del PIB? En pretender dar una imagen que no responde a su verdadero propósito.

El gobierno alardea de los incrementos a los pensionistas -para ganarse su voto- sin decir que nuestro sistema es insostenible y el Estado debe transferir para evitar la quiebra una cantidad muy elevada: 48.000 millones de euros en 2025 y alrededor de 50.000 millones en 2026, a base de incrementar nuestra deuda pública. Es un agujero de dimensiones colosales, pero nadie habrá oído decir a ninguno del gobierno sobre el grave problema que tenemos y menos todavía una posible solución. En última instancia se cubren con impuestos presentes o futuros. Es decir, más impuestos, al que no se refieren los que gobiernan.

Y a todo esto, sin presupuestos. Y no pasa nada, al menos hasta las elecciones, cuando la calle debería arder.

Francisco Errasti es economista.

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