Opinión

"Más allá de los delitos, si los hay, irritan los obscenos negocios a la sombra del poder"

"En una foto se veía también al expresidente en un mitin, hablando tras un atril que ponía: “Defendamos lo público”, y esa foto era, en realidad, la explicación de lo que pasa"

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Pedro Charro

Publicado el 24/05/2026 a las 15:29

A la vuelta de Italia vi que todos los periódicos hablaban del asunto Zapatero, la crónica de una muerte anunciada, por otra parte, pero que a la vista de lo que el juez detalla en un auto de 80 folios, es incluso peor de lo esperado. Más allá de los delitos, si los hay, irritan los obscenos negocios a la sombra del poder. En una foto se veía también al expresidente en un mitin, hablando tras un atril que ponía: “Defendamos lo público”, y esa foto era, en realidad, la explicación de lo que pasa, el epitafio de una política y un partido que, en cuanto puede, se dedica con todo ardor a hacer justo lo contrario de lo que predica. No hay posibilidad de redención para algo así. No hay salida, cuando todo es mentira. Luego recordé a Craxi, aquel primer ministro italiano, un político muy hábil que, con apenas el 15% de los votos, forjó alianzas para llevar a los socialistas al poder y logró mantenerse en él por un largo tiempo, pero que terminó envuelto en acusaciones de corrupción, e intentó escapar de la justicia utilizando todos los resortes del poder. 

Craxi fue finalmente encausado, gracias la labor de fiscales de verdad, como De Pietro y de un decidido grupo de jueces que, bajo el nombre de Mani pulite, no se amedrentaron y sacaron a luz un entramado de pagos y sobornos a políticos por concesiones de obras públicas. Siempre es lo mismo. Era la llamada Tangentópolis, la parte oscura y criminal de la política, que es peor aún cuando trata de esconderse bajo bellas palabras y gestos de superioridad moral y uno se cree siempre en el lado correcto. Craxi huyó de Italia para evitar ser juzgado y murió en Túnez de un ataque al corazón. El sistema de partidos que había tenido Italia desde la guerra se vino abajo. El Partido Socialista desapareció, pero tampoco el antiguo Partido Comunista, o la propia Democracia Cristiana, tan poderosa, tuvieron mejor suerte. Lo que vino fue el hundimiento de un sistema podrido, el desencanto ante la política y el vendaval populista, el tiempo de Berlusconi y compañía, el final de una era.

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