Opinión

Cuando la ciencia nos une

"La acreditación Severo Ochoa no es consecuencia de un logro puntual ni de un esfuerzo individual. Es el resultado de una trayectoria colectiva basada en el rigor científico, la cooperación y una orientación clara hacia el paciente"

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José Andrés Gómez Cantero

Publicado el 24/05/2026 a las 05:00

Hace unas semanas, la misión Artemis II volvía a recordarnos que algunos de los mayores desafíos de nuestro tiempo solo pueden abordarse desde la cooperación, el rigor y la confianza mutua. Más allá de banderas o ideologías, la ciencia avanza cuando personas diversas trabajan juntas con un propósito común. La exploración espacial, como la investigación científica, es imposible sin colaboración. Ese mismo espíritu explica la reciente acreditación Severo Ochoa concedida al Cima Universidad de Navarra. La distinción otorgada por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades sitúa al Cima entre los centros de excelencia científica del país. Pero su significado va más allá del reconocimiento académico: certifica que en Navarra es posible construir un proyecto investigador sólido, ambicioso y sostenido en el tiempo, con impacto internacional y vocación de servicio a la sociedad. 

La acreditación Severo Ochoa no es consecuencia de un logro puntual ni de un esfuerzo individual. Es el resultado de una trayectoria colectiva basada en el rigor científico, la cooperación y una orientación clara hacia el paciente. Detrás de ella hay una comunidad amplia y diversa formada por investigadores, técnicos, personal de apoyo y equipos de gestión que trabajan cada día con un propósito compartido: transformar conocimiento en soluciones reales para enfermedades que hoy siguen siendo devastadoras. Este reconocimiento pone especialmente en valor el trabajo de los investigadores del Cima, cuya capacidad científica ha permitido situar al centro en la vanguardia de la investigación biomédica. Pero también subraya algo igualmente importante: la cultura de colaboración que define su actividad. En un contexto cada vez más competitivo, mantener espacios de trabajo basados en la confianza, el intercambio de ideas y la generosidad intelectual es un activo esencial. La acreditación reconoce asimismo el papel determinante de la Universidad de Navarra y de la Clínica Universidad de Navarra en la construcción de un ecosistema de investigación singular, diría que único en nuestro país. La integración efectiva entre investigación básica, traslacional y práctica clínica no surge de manera espontánea; requiere visión estratégica, estabilidad institucional y una apuesta decidida por el largo plazo. Esa coherencia ha hecho posible que muchos avances científicos encuentren un recorrido real hasta los pacientes.

Tampoco puede entenderse este reconocimiento sin el compromiso sostenido del Gobierno de Navarra con la investigación biomédica. Apostar de manera continuada por la I+D supone invertir en futuro, en desarrollo económico y en cohesión social. La acreditación Severo Ochoa confirma que ese respaldo institucional, mantenido en el tiempo, genera resultados tangibles y proyecta a nuestra comunidad en el ámbito internacional. Este hito es también fruto del trabajo de generaciones anteriores de científicos que sentaron las bases sobre las que hoy seguimos construyendo. Su legado permanece vivo y nos recuerda que la excelencia científica no se improvisa: se forja con paciencia, exigencia y una responsabilidad compartida hacia el futuro. Es justo reconocer igualmente el papel de liderazgo y coordinación que ha hecho posible esta acreditación. 

Los garantes científicos, liderados por el Dr. Ignacio Melero, junto con mis colegas del equipo directivo del Cima, han desempeñado una labor clave en la definición y presentación de un plan científico ambicioso, que abre ahora una nueva etapa de crecimiento, atracción de talento y colaboración internacional. La acreditación Severo Ochoa concedida al Cima es, en el fondo, una demostración de lo que sucede cuando las personas trabajan unidas en torno a un proyecto compartido y se atreven a imaginar un futuro mejor. Sin duda, el espíritu cristiano de servicio a la sociedad presente en el Cima, dentro de la Universidad de Navarra, ha posibilitado forjar este proyecto. La ciencia avanza cuando hay talento, pero también cuando existe confianza, visión y la voluntad de construir algo que trascienda lo individual. Soñar juntos y trabajar con rigor permite transformar el conocimiento en impacto real sobre la sociedad. Ese es el verdadero valor de este reconocimiento y el compromiso que asumimos de cara al futuro.

José Andrés Gómez Cantero. Director general del Cima.

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