Opinión
"Es difícil entender que alguien situado en la cúspide pierda los estribos de forma tan estrepitosa. Pero está en la esencia del poder"

Publicado el 23/05/2026 a las 05:00
Apareció Florentino Pérez, el capo del Real Madrid, en una rueda de prensa que se esperaba como si fuera el descenso del Mesías en carne mortal a este valle de lágrimas. Pero lo que hubo ahí no fue grandeza, sino una vulgar exhibición de decrepitud y ordinariez, una triste demostración de que ni los años perdonan ni vivir en las alturas es siempre sinónimo de excelencia.
Conforme avanzaba en su soliloquio, el aura del personaje inalcanzable se iba diluyendo para dejar asomar la silueta de un pelagatos latoso, atrapado en un victimismo de forofo temperamental y primario. A los poderosos se les supone un cuidado exquisito para reforzar su autoridad rodeándose de misterio, un celo protector basado en el secreto gracias al cual nadie puede percibir sus puntos débiles, si es que los tienen. Pues bien, en una sola tarde consiguió Florentino tirar por la borda todo el capital —el simbólico, que no el monetario— amasado en sus largos años de presidencia.
Es difícil entender que alguien situado en la cúspide pierda los estribos de forma tan estrepitosa. Pero está en la esencia del poder. Lo malo del poder, decía un viejo amigo con larga experiencia en pisar moqueta, no es que corrompa; es que despista.
Piénsese en otro caso sonado al que asistimos estos días con no menor estupor, al que no parece ajeno un aturdimiento semejante producido por el mal de altura. Se echa de menos la figura de aquel acompañante de los césares en los desfiles de victoria encargado de recordarles al oído su condición de mortales. Cuanto más elevada es la posición, mayor el riesgo de perder la noción de la realidad; y mayor también la tendencia a rodearse de aduladores que, en vez de advertir al líder de sus errores y de las trampas en las que puede caer, se dedican a bailarle el agua.
En la gran cámara de eco que es el palco del Bernabéu no son precisamente aires de autocrítica ni de discrepancia lo que se respira. Aconsejaba el machadiano Juan de Mairena: "Huid de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales. Nunca perdáis contacto con el suelo, porque solo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura". Sospecho que algo de ese aislamiento mental y de ese exceso de confianza explica los batacazos a los que hemos asistido estos días.