Opinión

"Trump se muestra cada vez más impaciente por resolver un conflicto que se le ha ido de las manos y que amenaza con erosionar todavía más su credibilidad"

"El agradecimiento de Trump a Xi sería eterno mostrándose más ambiguo respecto a Taiwán frente a las aspiraciones chinas, aunque Xi Jinping no tiene ninguna prisa en anexionarse la isla"

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Emilio Sánchez-Carlos

Actualizado el 18/05/2026 a las 08:31

Entre los agasajos y múltiples halagos de Xi Jinping a Donald Trump de esta semana se desprende que Estados Unidos estaría dispuesto a mirar para otro lado en las reivindicaciones chinas sobre Taiwán a cambio de que Beijing presione a Irán. Trump ha regresado a Washington fascinado por el trato dispensado por el siempre impenetrable Xi Jinping, maestro en cuidar las formas y seducir a un invitado amante de la pompa y la adulación. Lo más positivo de la cumbre entre China y Estados Unidos en Beijing es el entendimiento y los deseos de cooperación bilateral en un momento de enorme incertidumbre e inestabilidad mundial. Trump necesita ahora más a China para salir del peligroso embrollo de la guerra de Irán. El presidente estadounidense se muestra cada vez más impaciente por resolver un conflicto que se le ha ido de las manos y que amenaza con erosionar todavía más su credibilidad. Todo apunta a que Xi Jinping, obligado también a terminar cuanto antes con el bloqueo del estrecho de Ormuz, limitará la ayuda militar a Teherán e intervendrá directamente o a través de Pakistán para facilitar una solución diplomática. El agradecimiento de Trump a Xi sería eterno mostrándose más ambiguo respecto a Taiwán frente a las aspiraciones chinas, aunque Xi Jinping no tiene ninguna prisa en anexionarse la isla. 

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En el corto plazo, ambos han acordado fortalecer sus relaciones comerciales. China comprará más petróleo de Estados Unidos, aviones Boeing, productos agrícolas y estudiará hacer grandes inversiones directas en empresas estadounidenses. Por eso, algunos de los principales oligarcas estadounidenses como Elon Musk han acompañado a Trump en el viaje. Atrás ha quedado olvidado el espectáculo de Trump de hace un año imponiendo aranceles a China y a medio mundo. Trump salió escaldado de aquella mala apuesta de póquer y ahora su principal obsesión es resolver el galimatías iraní al que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, le empujó convencido de que sería un brillante paseo militar como la operación de detención de Nicolás Maduro. Las apuestas agresivas de Trump serán más difíciles que prosperen a partir de ahora porque sus rivales le han tomado la medida. Ya no intimida tanto ese estilo impulsivo y provocador tan propio del jugador agresivo de póquer. El temperamento de Xi Jinping representa justo lo contrario. Su perfil encaja mejor con el Go, el milenario juego chino basado en la paciencia, la disciplina y el control gradual del tablero. 

Mientras el póquer premia el farol y el riesgo, el Go exige visión estratégica y paciencia. Y esa diferencia explica buena parte de la actual relación entre ambos líderes. Xi Jinping domina la escena y el tablero. Tiene claro que no desea un Trump impredecible y caótico, ni que Estados Unidos caiga en la tentación de utilizar su poder militar de manera descontrolada si se siente arrinconado como un imperio en decadencia. Xi Jinping defiende la estabilidad, el orden y un sistema comercial internacional regido por normas firmes. Necesita que continúe el flujo comercial mundial para que sus industrias sigan produciendo mientras fortalece sectores estratégicos como la inteligencia artificial, la robótica y busca la autosuficiencia energética. Trump gobierna con un exceso de decisiones erráticas y a impulsos que provocan conflictos incluso con sus aliados tradicionales como la Unión Europea o Canadá. Alterna el proteccionismo con el aventurismo militar que genera demasiadas perturbaciones. Xi Jinping juega una partida mucho más larga con cautela y tratando de ganarse la confianza internacional. No pretende imponerse desde una perspectiva ideológica ni militar, sino comercial para establecer unas relaciones basadas en los intereses entre clientes y proveedores.

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