Opinión

La cara más zafia de la corrupción

"Las chabacanas corruptelas declaradas por los protagonistas, no deberían ocultar el descontrol reinante en los círculos de poder en los que se movían con absoluta impunidad"

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Editorial DN

Publicado el 02/05/2026 a las 05:00

La trama de las mascarillas que se juzga en el Supremo ha sacado a la luz la cara más zafia de la corrupción, en el intento de los investigados por salpicar al Gobierno de Pedro Sánchez en su estrategia procesal. Por el alcance confesado de sus tejemanejes y el grosero relato de cómo utilizaban la influencia política para sus intereses particulares, el caso que afecta al exministro Ábalos, su exasesor Koldo García y al comisionista Víctor de Aldama se asemeja al peor de los ‘realities’ en varios de sus pasajes más chuscos. La reiterada indecencia con la que Aldama adorna sus acusaciones, con vejatorias alusiones personales, amenaza con desvirtuar la credibilidad de su propio testimonio, cuando además lo presenta como única prueba contra el presidente y para despegarse de sus dos antiguos socios, ahora encarcelados. No hay que olvidar en este juicio que el empresario se enfrenta a siete años de cárcel y que solo su reconocida voluntad de colaborar con la justicia le ha servido quizá para no correr de momento la misma suerte que Ábalos y Koldo. 

Por mucho que ponga el ventilador en el interrogatorio, el conseguidor no ha sido capaz de ofrecer algo tangible a la altura de sus graves implicaciones, entre ellas la presunta financiación ilegal del PSOE, una “injuria” para los socialistas. Empeñarse en tirar de la manta sin que, de momento, aparezca nada reconocible debajo le presenta volcado en ajustar cuentas con el Ejecutivo, después de ser imputado en la estafa de los hidrocarburos por masivo fraude fiscal. Pero las chabacanas corruptelas declaradas por los protagonistas, no deberían ocultar el descontrol reinante en los círculos de poder en los que se movían con absoluta impunidad, tanto del Gobierno como en la dirección del partido con sede en Ferraz. Parece innegable que el comisionista y quien fue hombre de confianza de Ábalos estuvieron como mínimo en la órbita de la toma de decisiones importantes como el rescate de Air Europa y adjudicaciones de obras. Operaciones que ponen en jaque la gestión de Sánchez y su necesaria labor de vigilancia para prevenir la corrupción a su alrededor.

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