Envido
Como el consejero de Salud en una cacharrería
El incendio es fenomenal, pero Domínguez considera que la sanidad navarra está mejorando: “La percepción ciudadana no se corresponde con la realidad. La ciudadanía juzga por las listas de espera y la atención de los centros de salud”. Alegría y olé


Publicado el 27/04/2026 a las 05:00
El famoso microcuento del hondureño Augusto Monterroso le cae al consejero de Salud del Gobierno foral como un traje a medida: ‘Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí’. Fin. Chispún. Cuando Fernando Domínguez se ha puesto a decidir algo, el dinosaurio que constituye el sistema sanitario público, con la ingente cantidad de personal y desembolso que necesita para caminar, seguía ahí. Y ahí va a continuar, enfermo de sus problemas clásicos pero a la vez distinto por convulsionado, porque el consejero ha entrado en acción como un elefante en una cacharrería. Arrasando y con estruendo. O sea, mal.
También tarde. Que la sanidad navarra requiere medidas nadie lo pone en duda, pero si llega a esperar un poco más a Domínguez se le acaba la legislatura y hasta luego, mariposa. No es de recibo una relajación así, teniendo en cuenta que quien ostenta la cartera de Salud desde hace tres años, con la socialista María Chivite al frente del Ejecutivo, ya la ostentó entre los años 2015 y 2019, dentro del gabinete de Uxue Barkos, colega del consejero en Geroa Bai. Domínguez, por lo tanto, no es un paracaidista aterrizando en un suelo inexplorado. Sabía por dónde pisaba y en qué puntos se localizaban los cepos que, en lo referido a quien repite en la gestión de algo, se suelen representar a menudo como cuentas pendientes. Incluso en la entrevista que le hizo este periódico en el arranque de la actual legislatura, el consejero desprendía el brío de estar dispuesto a todo y pese a todos. Por ejemplo, a reformar las urgencias rurales:
–¿Tomará las medidas aunque tenga vecinos y alcaldes, y sus grupos políticos detrás, protestando? –se le interrogaba en dicha entrevista.
–Sí. Estoy decidido. He venido para intentar hacer lo mejor posible para los pacientes. Tomaré las decisiones que sean necesarias –respondía él.
Ya se sabe que Domínguez ha acabado renunciando a la reforma de las urgencias rurales. No tiene consenso a nivel político ni entre profesionales ni a nivel municipal, alegó mientras cerraba el cajón con llave.
Decíamos que el elefante sigue ahí. También las listas de espera, igual de extensas (cerca de 61.000 personas para primera consulta y 10.300 para intervención quirúrgica) a pesar de que el consejero prometió que las iba a reducir en 2.000 personas al mes. El foco lo ha centrado en Traumatología, con una propuesta de pago de incentivos por objetivos y la filtración de una auditoría algo extraña con las que los profesionales del servicio se sienten bajo el dedo acusador de que no trabajan lo que debieran. Y se han revuelto: dimisión del jefe y anuncio de que no van a hacer horas extras ni peonadas. Los anestesistas, tampoco. Fenomenal incendio. Pero el consejero considera que la sanidad navarra está mejorando: “La percepción ciudadana no se corresponde con la realidad. La ciudadanía juzga por las listas de espera y la atención de los centros de salud”. Alegría y olé.