Opinión

Navarra y China: inversión, conocimiento y autonomía estratégica

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Andrés Herrera Feligresas

Publicado el 18/04/2026 a las 05:00

La reciente sucesión de viajes de líderes europeos a China -incluido Pedro Sánchez- responde a un giro pragmático: Europa busca preservar su acceso al mercado chino y su posición en las cadenas de suministro. En un contexto de tensión entre Bruselas y Pekín, la política bilateral de los Estados miembros recupera protagonismo. España, en este marco, trata de avanzar desde una lógica comercial convencional hacia una nueva fase en la que la atracción de inversiones de calidad y la transferencia tecnológica resultan centrales.

Los indicadores apuntan a que España se ha consolidado como un destino atractivo para la inversión china, especialmente en sectores vinculados a la transición energética. En 2025, estos flujos se triplicaron respecto al año anterior. Más relevante que el volumen es su naturaleza: se ha superado la etapa de adquisiciones para dar paso a proyectos industriales de mayor valor añadido. Sin embargo, tras este aparente ‘viento de cola’ existe otra realidad: la profunda asimetría del intercambio. Mientras España captó 643 millones de euros en 2025, la inversión española en China apenas alcanzó los 4 millones. Este desequilibrio no responde solo a barreras regulatorias, sino también a una insuficiente preparación de nuestro tejido empresarial para operar en entornos complejos como el chino.

Es en este contexto donde debe situarse la potencial implantación de Hithium en Esquíroz. La operación encierra una gran oportunidad, pero también obliga a recordar una lección: el cierre de BSH mostró que una industrialización fundamentada en centros de decisión situados fuera del territorio entraña riesgos estructurales.

La autonomía estratégica -tan invocada en Bruselas- no se construye únicamente con fábricas; requiere capacidades -talento, tecnología… - y redes internacionales. Ahí reside el verdadero desafío para Navarra en su relación con el Mundo Chino. Si la inversión entrante es el síntoma más visible de las oportunidades, la capacidad de generar conocimiento propio y de proyectar nuestros centros tecnológicos y empresas hacia China continental y Taiwán es la condición necesaria para aprovecharlas plenamente.

Ello exige, en primer lugar, reforzar la formación especializada. Comprender China trasciende lo lingüístico o regulatorio: es una cuestión estratégica con implicaciones culturales e históricas profundas. En segundo término, promover alianzas empresariales que impulsen tanto el acceso al mercado como el intercambio de conocimiento. Y, finalmente, consolidar una estrategia propia -adaptada a las necesidades del territorio y con respaldo multipartito- que permita construir relaciones de largo plazo basadas en la confianza y la reciprocidad.

Andrés Herrera-Feligresas. Fundación Qili Fundazioa.

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