Opinión

"Sanidad navarra: más espera, más presión y más fuga hacia la privada"

"Navarra necesita un plan estratégico serio, con objetivos medibles y responsables claros"

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José Luis Alli

Actualizado el 13/04/2026 a las 07:34

Durante años vivimos convencidos de que Navarra tenía una de las mejores sanidades del país. En las últimas décadas, el deterioro es notable. Cuando hablas con cualquier vecino, la respuesta es otra. “No hay citas”. “Me han dado para dentro de tres meses”. “En urgencias no cabía un alfiler”. La sensación de deterioro ya no es una impresión: es un diagnóstico. Y cuando un sistema público se agota, siempre aparece el mismo fantasma: la privatización. Los datos de finales de 2025 no necesitan interpretación: 60.119 personas esperando una primera consulta con un especialista. No estamos mejorando: estamos patinando en el mismo sitio. En cirugía, el panorama es igual de duro: 10.861 navarros esperando una operación. Y, según el Ministerio de Sanidad, en el primer semestre de 2025 había 9.818 pacientes en lista quirúrgica, un 14,42% más que el año anterior. No es un matiz, es síntoma de un sistema que ya no puede más. Y aquí llega la parte más irritante: cada año se mete más dinero en la sanidad, pero los resultados no mejoran. En 2025, Navarra superó los 1.500 millones de euros de presupuesto sanitario, la cifra más alta de su historia. ¿Y qué hemos conseguido? Más gasto, más presión, más frustración. 

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El profesor Lobo lo dijo sin anestesia: si el sistema arrastra problemas estructurales, más dinero no basta. El Sistema necesita profesionales de la gestión, y no políticos aficionados. Porque contratar más gente sin reorganizar agendas no reduce la presión. Comprar tecnología sin formar al personal no mejora la eficiencia. Ampliar servicios sin reforzar la Atención Primaria solo desplaza el problema. Es como intentar apagar un incendio con un cubo agujereado. Luis María Anson en La Razón decía, “con ser preocupante la corrupción de los políticos, (que lo es), es mucho más preocupante la descarada incompetencia y mediocridad cuando se producen crisis de gravedad, (como últimos tiempos en España: riadas trenes, apagones), salvo contadas excepciones” . Mientras tanto, ocurre algo que nadie quiere decir en voz alta: cada vez más navarros están contratando seguros privados. No por ideología, sino por supervivencia. Porque no pueden esperar tres meses para un dermatólogo. Porque no pueden permitirse que una operación se retrase medio año. Porque cuando lo público no llega, la gente busca alternativas. 

Y ahí empieza la privatización real: no en los discursos políticos, sino en las decisiones silenciosas de miles de ciudadanos que ya no confían en que el sistema público les responda a tiempo. Con una población estimada de 689.018 habitantes a 1 de enero de 2026, el 19,5% con seguro privado supone aproximadamente 134.000 personas aseguradas. En 2022 había unos 69.548 asegurados, lo que representaba un 10,5% de la población. En seis años, la penetración del seguro privado se ha duplicado (+121%). La sanidad funciona como una cadena. Si un eslabón falla, todo se viene abajo. Cuando faltan médicos de familia, las agendas revientan. Cuando las agendas revientan, las citas se retrasan. Cuando las citas se retrasan, las urgencias se llenan. Y cuando urgencias se llena, el hospital entero se colapsa. No es ideología, es física. Y como decía Lobo, si cada año entran más pacientes crónicos y menos profesionales jóvenes, la ecuación no sale. ¡No puede salir! 

¿Qué debemos hacer? A corto plazo, Navarra necesita un refuerzo inmediato de la Atención Primaria, con incentivos para cubrir plazas rurales y una reducción drástica de la dictadura burocrática. Necesita un plan de choque real contra las listas de espera, con ampliación de horarios, incremento de la productividad, y auditorías mensuales públicas. Necesita liberar a los profesionales de tareas absurdas, digitalizar de verdad y eliminar duplicidades. Necesita frenar la fuga de talento, ofreciendo estabilidad y condiciones dignas. No debe funcionar la sanidad, como si fueran unas oficinas administrativas de 8 a 15 horas, ni con un convenio que no sea especifico para el personal sanitario. Y necesita transparencia total, porque la opacidad es el mejor aliado de la privatización. Pero eso solo sirve para ganar tiempo. A largo plazo, Navarra necesita un plan estratégico serio, con objetivos medibles y responsables claros. Necesita formar y retener profesionales, no solo contratarlos. Necesita invertir con cabeza, no a golpe de titular. Necesita blindar la sanidad pública frente a la privatización silenciosa, limitando derivaciones innecesarias y garantizando tiempos máximos de espera. Y necesita usar el modelo autor regresivo a su favor: planificar a diez años vista, anticipar el envejecimiento, prever el aumento de crónicos y dejar de improvisar. Si no se planifica a largo plazo, si no se cuida a los profesionales, si no se escucha a la ciudadanía, el desgaste se convertirá en deterioro. Y el deterioro, en crisis. Y cuando llega la crisis, la privatización deja de ser un riesgo y se convierte en una salida para algunos… y en un problema para todos. La pregunta real es: ¿vamos a reaccionar ahora o vamos a esperar a que lo público se convierta en un lujo y lo privado en una obligación? 

José Luis Alli. Exgerente del Servicio Navarro de Salud.

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