Opinión
A vueltas con la transitoria cuarta

Actualizado el 23/03/2026 a las 11:23
La disposición transitoria cuarta está de nuevo en el debate político. Tercio en la polémica para decir que si Navarra no es Euskadi no es por ninguna norma imperativa, sino por la libre voluntad del pueblo navarro que no ha considerado oportuno poner en marcha la iniciativa para su posible integración en la Comunidad Autónoma Vasca. Y debo decir con total rotundidad que es falso que la transitoria cuarta se incluyó en la Constitución para da satisfacción al PNV.
Fue por el contrario una gran victoria de la UCD de Navarra, que supo resistir hasta la extenuación la enorme presión ejercida por el PNV y el PSV-PSOE, del que formaba parte la Agrupación Navarra del Partido Socialista de Euskadi, el Partido Comunista y las numerosas formaciones de la izquierda revolucionaria abertzale en la órbita de HB. Sin contar con la campaña de intimidación de ETA, que se tradujo en un intento fallido de atentado contra mí, reiterado en varias ocasiones más (sin éxito, como puede verse). A los aberzales revolucionarios les gustaba pasearse por las calles de Pamplona al grito de “Del Burgo, cabrón, irás al paredón” o “Del Burgo, Aizpún, pim, pam, pum”.
Les escoció sobremanera que, en las primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977, nuestra coalición Unión de Centro Democrático, liderada por el artífice de la Transición, Adolfo Suárez, obtuviera seis de los nueve parlamentarios asignados a Navarra (Jesús Aizpún, Ignacio Astráin, Pedro Pegenaute, diputados, y Jaime Ignacio del Burgo, Josecho Sarasa y José Luis Monge, senadores). La Agrupación Navarra del Partido Socialista de Euskadi obtuvo dos diputados, Gabriel Urralburu y Julio García, y un senador la coalición PNV-PSV-PSOE. El PNV, liderado por Carlos Garaicoechea, sólo sacó el 6,7% de los votos. Los aberzales radicales obtuvieron un pobre resultado.
En nuestro programa electoral dejamos bien sentado que defenderíamos la identidad española y la personalidad foral de Navarra, así como una reforma integral de la Ley Paccionada para devolver al pueblo navarro la titularidad del poder foral, mediante la democratización de las instituciones forales, en el marco de un régimen parlamentario, y la reintegración y amejoramiento del Fuero mediante un nuevo pacto con el Estado para fortalecer las competencias propias del régimen foral e incrementar nuestro autogobierno asumiendo las facultades ejercidas por el Estado en Navarra no inherentes a la soberanía nacional.
No fue tarea fácil. Gracias a militar en un partido nacional como UCD conseguimos que la disposición adicional segunda de la Constitución amparara y respetara nuestros derechos históricos, como sinónimo de régimen foral, lo que abrió el camino para el reconocimiento de nuestra autonomía originaria y una cobertura constitucional para el Amejoramiento del Fuero de 1982. Evitamos la pretensión del PNV de aplicar a Navarra la derogación, en la disposición final, de la Ley de 1839, pilar de la Paccionada de 1841. Y, por último, logramos contra viento y marea abortar la pretensión de la incorporación de Navarra a Euskadi, por la brava, y conseguimos el reconocimiento en la disposición transitoria cuarta de que la iniciativa del órgano foral competente (el Parlamento Foral), por mayoría absoluta, debería ser sometida al referéndum del pueblo navarro.
Mi posición está clara y siempre ha sido la misma: Navarra será lo que los navarros quieran que sea. Deberemos esforzarnos siempre en convencer a nuestro pueblo de que el actual “status” paccionado de Navarra como Comunidad Foral, integrada en la Nación española y solidaria con todos sus pueblos, es el más conveniente para asegurar nuestra libertad colectiva y promover el progreso económico y garantizar el bienestar social.
Jesús Aizpún defendió la transitoria cuarta, en nombre de UCD, en la Comisión Constitucional del Congreso. En un artículo en Diario de Navarra, afirmó que el contencioso podía defenderse “a tiro o a votos”, por lo que como demócrata defendía que a votos. Más tarde cambió de criterio y se abstuvo en la votación final de la Constitución, afirmando que ésta no garantizaba el régimen foral en la disposición adicional segunda y la disposición transitoria cuarta nos abocaba indefectiblemente a Euskadi. La realidad demuestra que 48 años después el Fuero está en su plenitud, como lo demuestra el Amejoramiento del Fuero de 1982, fruto del pacto entre Navarra y el Estado. En el debate en el Senado de la transitoria, Gregorio Monreal, senador del PNV por Guipúzcoa, nos acusó de haber puesto una auténtica carrera de obstáculos para impedir la integración de Navarra en Euskadi.
El pueblo navarro refrendó la Constitución por mayoría absoluta del censo electoral. Es falso que no fue refrendada por Navarra. La realidad es que 48 años después de su promulgación, Navarra no es Euskadi y el Amejoramiento garantiza la plenitud de la autonomía foral.
La enmienda de UPN para la supresión de la transitoria tendrá que ser votada por mayoría de dos tercios de los diputados, es decir, 210, y si fuera aprobada, por 160 senadores. Suprimir la transitoria cuarta supone perder la garantía del pueblo navarro. Nuestra Comunidad Foral podría desaparecer o convertirse en un territorio más de la sedicente nación de Euskallería. Debiéramos concentrarnos en convencer a la ciudadanía navarra que Navarra no puede estar en la órbita de Euskadi. Los unionistas no descansan y el Gobierno de María Chivite actúa en la Administración y la enseñanza como si Navarra fuera un territorio más euskalerríaco. Ha violado la Constitución y el Amejoramiento cuando ha implantado el bilingüismo en la
Administración foral y pretende hacerlo en la educación y la la cultura. UPN debería reflexionar.
Jaime Ignacio del Burgo. Exsenador constituyente y expresidente del Gobierno de Navarra.