Editorial
Un plante arriesgado y con aroma electoral
No plegarse a Trump siendo leal a sus socios europeos obliga a Pedro Sánchez a que se maneje con prudencia al recuperar el ‘no a la guerra’ si quiere evitar el aislamiento de España

Actualizado el 05/03/2026 a las 09:19
Pedro Sánchez parece decidido a rentabilizar el órdago a Donald Trump, pese al riesgo que entraña dejar a España al margen de la cobertura ofrecida por las principales potencias europeas al ataque de EE.UU a Irán. Y más cuando los misiles iraníes apuntan también a territorio OTAN y UE.
Sánchez ha asumido con gusto en primera persona la voz discordante en Europa contra las políticas más beligerantes del presidente estadounidense. Este miércoles lo escenificó sin preguntas, cinco días después del asedio al régimen de los ayatolás y solo cuando Trump amenazó al Gobierno español con cerrar el grifo comercial en represalia por el veto al uso de las bases americanas.
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Es ampliamente compartido que el ataque de Trump a Irán de la mano de Netanyahu, y sin encomendarse a ningún otro aliado y mucho menos a la ONU, constituye una flagrante vulneración del derecho internacional. También lo es el desprecio que genera una teocracia como la iraní que reprime a sangre y fuego cualquier conato de disidencia, siendo especialmente despiadado con las mujeres. Y debería ser obvio que Trump ni puede ni debe amenazar a un país soberano como España en las decisiones que estime oportunas.
Pero también es palmario que el plante de Sánchez conlleva peligros difíciles de medir por mucho que el presidente insista en que el país está preparado para encajar el golpe. El primero, económico por el impacto que puede tener el portazo de EE.UU a las exportaciones españolas y el suministro energético.
Sánchez está obligado a dar explicaciones en sede parlamentaria para lograr el mayor refrendo en casa, después de la solidaridad ofrecida por Francia, Bruselas o China. A la vez, debe mantener la lealtad debida a sus socios europeos, con quienes tiene suscritos ineludibles compromisos de socorro mutuo y una posición exterior mínima común. Y todo en plena ampliación del frente por parte de Irán, con Chipre o Turquía en su diana.
Está por ver cómo el presidente mantiene la prudencia para evitar el aislamiento internacional de España, cuando ha recuperado la agitación que conlleva el ‘no a la guerra’. Un movimiento diáfano que ha de leerse en clave de política interior para tratar de olvidar el dramático momento que atraviesa el PSOE y su entorno personal en lo que huele a inicio de su campaña electoral.