Opinión 

Stablecoins: el nuevo truco del almendruco de la administración Trump

"La popularización de estas compras permitiría al Gobierno estadounidense vender masivamente Deuda y reducir sus tipos de interés"

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José Ramón Ganuza

Actualizado el 03/03/2026 a las 09:08

Mientras estamos focalizados por el ruido mediático de los casos de corrupción, escándalos sexuales y polémicas tertulianas, tras el telón, se diseñan las grandes decisiones, en materia geoestratégica y monetaria, que van a marcar el futuro de la humanidad de este siglo. Cuando el mundo esperaba ansioso el fin de la Segunda Guerra Mundial, un año antes, en 1944, un amplio elenco de mentes económicas diseñaba, en Bretton Woods, el nuevo sistema monetario que establecía la hegemonía del dólar americano. Hoy asistimos a la negociación de lo que será el nuevo sistema monetario, el tránsito del tradicional orden del dinero fiduciario a un sistema basado en criptomonedas, o tokens residenciados en las blockchains, las cadenas de bloques. En USA, las leyes Genius y Clarity Act regularán las monedas digitales. China ha implementado ya el yuan digital, y Europa se prepara para poner en marcha el euro digital. Comprender este nuevo mundo hace necesario establecer las cinco categorías en las que se clasifican las criptomonedas. 

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En primer lugar, el Bitcoin. La moneda descentralizada por excelencia. No tiene control estatal y su numero de tokens finito, 21 millones, lo convierte en una moneda resistente a la inflación: se la considera el oro digital. Como el metal precioso, está sujeto a la ley de la oferta y la demanda. Su valor reside en que la oferta es inelástica, lo que hace que el precio se determine únicamente por la mayor o menor demanda.

 En segundo lugar, las monedas digitales de los Bancos Centrales. Son la antítesis de Bitcoin, monedas centralizadas. Su número depende de la voluntad del emisor: el Banco Central controla y vigila todas las transacciones que se hacen con las mismas.

 Las “Altcoins”, el tercer grupo, son monedas que cumplen un papel de utilidad. Se usan en contratos inteligentes o como puente en transacciones internacionales. 

La cuarta categoría son las “Memecoins”, las llamadas monedas de casino. Instrumentos que no cumplen otro papel que ser una apuesta de un juego que consiste en esperar que haya un interés repentino por la moneda que la haga subir de precio rápidamente. 

Finalmente, están las que nos interesan a efectos de la reflexión de este artículo: las “Stablecoins”. Son tokens digitales que representan monedas fiat como el dólar, el euro u otra moneda local. Las emiten empresas particulares o bancos. Cada moneda debe estar respaldada por un dólar o euro, que se guarda como colateral en las bóvedas del banco o empresa emisora. La ley establece que este colateral puede ser Deuda Publica del país emisor. La reflexión que quiero trasladar hoy es cómo estas “Stablecoins” van a ser el viejo truco del almendruco del nuevo sistema monetario. Para ello nos iremos a 1914. Para ver si la historia monetaria se repite a partir de 2026. El 28 de Julio de 1914 se iniciaba la Primera Guerra Mundial. El Gobierno de Reino Unido debía hacer frente al alto gasto del conflicto. Como subir los impuestos era impopular, decidió crear los denominados bonos patrióticos a fin de financiar 350 millones de libras. 

El Financial Times aseguró que esta emisión estaba “sobresuscrita”, es decir, que había compra de bonos “a raudales”. Todo era una mentira propagandística. El Tesoro Británico apenas consiguió recaudar una tercera parte de los 350 millones. ¿Qué hizo, entonces? En primer lugar, guardar el secreto de estado de este fracaso. Después, mandó al Cajero Jefe del Banco Central a comprar el resto de los bonos que el mercado no había adquirido. La compra se hizo con dinero creado de la nada por la impresora del banco. Hicieron, lo que en lenguaje actual se entiende como, una “QE” o Expansión Cuantitativa. Este dinero creó en los años siguientes una inflación desatada que disminuyó el poder adquisitivo de salarios, destruyó el valor del ahorro y redujo el peso de la Deuda Publica. En Alemania es proceso fue aún más doloroso. Los alemanes entregaron masivamente su oro al Estado para financiar la Guerra. Una vez terminada ésta, como no fue suficiente, subieron los impuestos y se incrementó la deuda. Tampoco bastó. 

Se vivió entonces el proceso de hiperinflación de 1923, de la República de Weimar lo que creo el caldo de cultivo de la II Guerra Mundial. Conclusión: fueron los ahorradores británicos y alemanes y las familias de asalariados los que pagaron involuntariamente el coste de la guerra. Los Países del Imperio Británico con hiperinflación corrieron también con buena parte del sacrificio. Se produjo una gran transferencia de riqueza de los particulares al Gobierno. Es lo que tiene el arte de birlibirloque de la inflación: por aquí te lo doy y por allá te lo quito. Hoy, las Stablecoins de la Administración Trump pueden ser mas de lo mismo. Ante la política de los BRICS, con China a la cabeza, de desprenderse de deuda americana, Estados Unidos quiere que las Stablecoins respaldadas por dólar o deuda se puedan comprar instantáneamente desde un ordenador o un teléfono móvil. La popularización de estas compras permitiría al Gobierno estadounidense vender masivamente Deuda y reducir sus tipos de interés. ¿Y por qué alguien querría comprar deuda americana basada en dólares,? Pues porque ante un proceso inflacionario de su moneda local (en el mundo existe 160 monedas distintas) el refugio seguirá siendo el dólar. Ya se que el dólar también se devalúa. Eso nos pondrán en la tesitura de elegir entre “perder o mas perder.” 

José Ramón Ganuza. Periodista

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