Opinión
Las decisiones se piensan, se maceran y no se improvisan
"El verdadero liderazgo no se mide en las slides de los powerpoints, ni preguntándoselo al ChatGPT, ni en las kpi´s frías y vacías, sino en la capacidad de hacer que las cosas ocurran con humildad, consistencia, coherencia, sencillez y sobre todo con sabiduría"

Actualizado el 23/02/2026 a las 08:23
Cada vez estoy más convencido de que el management no es precipitar respuestas de cortar y pegar. La clave del management es hacerse las preguntas clave e inmediatamente concretar iniciativas. El reciente cese de Xabi Alonso ha seguido alimentando mi reflexión. Porque pienso que las decisiones se piensan, se maceran y no se improvisan. Se descubren con pausa, reposo, sosiego, reflexión. Decidir no es solamente un ejercicio racional de poder. No se trata de enseñar músculo. No os equivoquéis. Es un ejercicio donde la intuición juega un papel importante, también la confianza, la gestión del miedo, de la incertidumbre, de las dudas y el servicio. Porque decidir es una forma de servir en medio de las dificultades y de los escollos. Una pésima decisión con un alto impacto es un desastre. Liderar es servir, no servirse. Esta debiera ser la máxima. Estos tiempos tan locos, tan exigentes, cambiantes y convulsos exigen saber que el management del sentido común no es especulación, es una práctica rigurosa: crecer sin perder el sentido, el alma y optando siempre por las personas.
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El verdadero liderazgo no se mide en las slides de los powerpoints, ni preguntándoselo al ChatGPT, ni en las kpi´s frías y vacías, sino en la capacidad de hacer que las cosas ocurran con humildad, consistencia, coherencia, sencillez y sobre todo con sabiduría. ¿Qué distingue realmente una decisión óptima que permita minimizar los sesgos y lograr los mejores resultados? Aunque la realidad es incómoda, más de la mitad de nuestras decisiones son erróneas. Y eso por supuesto puede tener consecuencias desfavorables en el ámbito de la empresa. Todos los que conducimos sabemos que hay puntos ciegos en el campo de visión. Y lo mismo sucede con la dirección de empresas. Uno de los aspectos fundamentales de una mala decisión es la excesiva simplificación de problemas complejos. Los conocidos atajos pueden maximizar los puntos ciegos y las posibilidades de error. Hace algunos años, al igual que Xabi Alonso, el actual entrenador del Real Betis Balompié, el chileno Manuel Pellegrini, vivió en carne propia las consecuencias, desde mi óptica, de una mala decisión tomada desde el atajo y no desde la reflexión bien pensada y argumentada. La historia se repite, es redactada por personas y es peligrosamente pendular y errática. ¡Cuidado! Cuidado con las decisiones prematuras, improvisadas e irresponsables. Y con los comentarios y valoraciones mezquinas y livianamente argumentadas.
A veces me da la impresión de que no aprendemos nada. ¿Aprendemos lo suficiente? Tener el aprendizaje como hilo conductor de nuestras vidas pasará a ser fundamental en esta era de inteligencia artificial, de sobredosis de urgencia, de pluscuamperfectos, de tecnología, de pirotecnia innecesaria. La vida profesional es una sucesión de esfuerzos. A veces de manera consciente y otras no. El esfuerzo es hacerse preguntas e intentar respuestas. Es resistir a situaciones complejas. Es ser flexible ante tanto balanceo de cambios y transformaciones. Es aprender y desaprender. Es trabajar la agilidad y darle valor al tiempo. Es intentar desarrollar la eficacia. Es saber priorizar y ecualizar nuestras vidas. Es conjugar más el verbo escuchar que hablar; servir antes que servirse. El esfuerzo es pensar en grande, dejarse liar e implicarse en los grandes temas (para las pequeñas cosas hay muchos apuntados). Es volcarse a conseguir los objetivos propuestos. El esfuerzo es hacer lo que tengo que hacer cuando nadie me ve. El esfuerzo es no dejarse aturdir por la sobredosis de tecnología y continuar pensando que las empresas las construyen las personas. Pero, sobre todo, es dejarse de tantas tonterías y despropósitos.
Por eso necesitamos líderes que den sentido a nuestros esfuerzos y luchen por compensar justamente a aquellos que se esfuerzan. Sin norte, sin equilibrio corporativo, sin una lógica de crecer haciendo crecer a todos, el esfuerzo entra en barbecho. Recetar esfuerzos para los demás y no sumarse a ellos es el antiliderazgo. El ejemplo es el desencadenante del esfuerzo. Pero ojo, el esfuerzo no garantiza el éxito, pero la falta de esfuerzo es la telonera del fracaso. Liderar es usar más nuestra capacidad de influencia que de mando, para sacar lo mejor de las personas de nuestros equipos, multiplicando a través de ellos, iluminando sus trayectorias y haciéndoles crecer. Desde mi punto de vista, el viejo management, el de la planificación y el control, el de los jefes con zanahoria y garrote, el de las jerarquías casposas, el de los powerpoints ya es absolutamente insuficiente. Hoy más que nunca es necesario que afloren líderes ambidiestros, esos directivos maravillosamente imperfectos que no se visten de jefes, que no se pasean por los pasillos creyéndose presidentes de una gran compañía y que saben que la mejor estrategia son las personas: influyendo, inspirando, sirviendo y queriendo a la gente. Alonso y Pellegrini, como algunos directivos de empresas, son maestros y líderes, sin lugar a dudas. Forman parte de ese grupo selecto de líderes imprescindibles, los que crecen y hacen crecer a su entorno, apartando sus egos de la ecuación para que las sinfonías de talentos de sus equipos logren explotar al máximo sus mejores versiones personales y profesionales, creando constantemente oportunidades para todos. Si en las compañías se mejoraran los procesos de toma de decisiones, la probabilidad de cometer errores sería menor. ¡No a los atajos basados en la experiencia relativa, en una miope astucia o en la intuición sesgada! ¡Sí a las decisiones basadas en la reflexión para lograr efectividad, eficacia y consistencia!
Roberto Cabezas Ríos, HR Influencers in Spain 2025, Expert in Higher Education Management, Universidad de Navarra.