Opinión
En recuerdo de Alfredo Jaime

Actualizado el 16/02/2026 a las 08:31
Al recordar al difunto Alfredo Jaime, que jugó un importante papel en la política del último tercio del siglo pasado y comienzos del actual, creo que es de justicia comenzar con una referencia a la persona que estuvo siempre a su lado y de la que se han destacado sus grandes virtudes basadas en una fe católica a machamartillo. Me refiero a su esposa Juana Mari Blanco. Los que nos honramos con su amistad desde hace casi cincuenta años, sabemos que fue el más sólido apoyo de Alfredo, sobre todo cuando hubo de soportar fuego amigo que no fue capaz de doblegar su espíritu combativo y emprendedor.
La biografía de Alfredo Jaime comienza con su elección en las primeras elecciones municipales democráticas celebradas el 3 de abril de 1979. Se ha dicho que su decisión de entrar en la política activa se debió a su compromiso con Navarra y con Pamplona. Falta su gran amor por España. Pero además sus ideales centristas, plasmados en UCD (Unión de Centro Democrático) le llevaron a luchar por un mundo mejor, más libre, a más justo, más solidario y más igualitario. Navarra debía mantener su identidad y amejorar su Fuero. Asimismo, su apuesta por UCD suponía una firme voluntad de luchar con la dialéctica de la palabra contra la acción criminal de la banda terrorista ETA.
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Todas las cosas tienen su pequeña historia. Voy a contar cómo llegó Alfredo Jaime a las filas de UCD, cuya presidencia ostentaba yo cuando se celebraron las elecciones generales del 1 de marzo de 1979 y las forales y municipales del 3 de abril de aquel año. El Comité Ejecutivo tenía la facultad de aprobar las listas, pero lógicamente me correspondía la responsabilidad de confeccionar la propuesta, tarea que compartir con otros compañeros. Y no era tarea fácil. UCD estaba en el punto de mira de ETA, que desde el asesinato el 26 de noviembre 1978 de Joaquín Ímaz, navarro, comandante jefe de la Policía Armada (hoy Policía Nacional), había iniciado su actividad criminal en Navarra. Los sucesos de los Sanfermines de aquel año habían dejado un clima enrarecido,caldeado por todas las organizaciones proetarras. Se preveía un fracaso de UCD. No fue así. En las generales de 1979 tuvimos el mismo resultado que en 1977: tres diputados y tres senadores.
Yo tenía una buena amistad con Tomás Caballero, que por su condición de presidente del Consejo de Trabajadores tenía asiento en el Consejo Foral. Tuvimos la satisfacción de comprobar que Caballero aprobaba toda nuestra actuación en las Cortes Generales, en concreto respecto a la disposición adicional, la disposición transitoria y la disposición final segunda, que afectaban a Navarra. Además, había sido alcalde accidental de Pamplona. Por todo ello le llamé para ofrecerle ir en puesto de salida en la lista pamplonesa. Me prometió darme una respuesta en seguida y así fue. Me llamó para decirme que no aceptaba la propuesta, pero me sugirió que en su lugar fuera Alfredo Jaime, trabajador de Industrias Esteban, que había colaborado con él en su tarea sindical. Lo conocí cuando se entrevistó conmigo para dar afiliarse y dar su conformidad a ir en la lista municipal.
UCD tenía un proyecto muy atractivo para una buena parte de la sociedad navarra. En materia foral teníamos como principal objetivo el Amejoramiento para devolver al pueblo navarro el libre ejercicio de su soberanía foral, solidariamente unido a la Nación española. El programa electoral de UCD se inspiraba de gran manera en los principios de política social del Partido Social-Demócrata Foral de Navarra, que, con el Partido Liberal, formamos la coalición Unión de Centro Democrático. Reproduzco una síntesis del programa electoral: “Porque somos Centro tenemos soluciones realistas para un desarrollo, pero sin especuladores; para combatir solidariamente el paro y la inflación; para una enseñanza libre, gratuita y obligatoria; para hacer la reforma fiscal: quien más tiene, más pague; para impedir que el fraude fiscal quebrante los derechos del pueblo: para la pequeña y mediana empresa que es la base de la economía del país; para la mujer que espera el cambio; para hacer justicia al campo; para un fuero total y al servicio del pueblo; para una Diputación democrática, para una Navarra más justa, más libre, más solidaria… auténticamente foral”.
En las elecciones municipales del 3 de abril de 1979, UCD fue en Pamplona la lista más votada, con ocho escaños. Fueron elegidos Alfonso Bañón, Javier Taberna, Federico Pozo a, Pablo García Tellechea, Juan José Araujo, Alfredo Jaime, Elisa Chacartegui y María Ángeles Oyaga. Estas últimas fueron las primeras mujeres elegidas concejales en toda la historia del municipio pamplonés. Pero Bañón no sería alcalde. El candidato socialista Julián Baldúz, con el apoyo de los siete concejales de HB, consiguió la alcaldía.
En las elecciones generales del 28 de octubre de 1982, UCD se dio un batacazo descomunal pasando de 168 escaños a 12. Dos meses después acordó su disolución. Fue entonces cuando Alfredo Jaime decidió incorporarse a Unión del Pueblo Navarro. En las elecciones de 1983 y 1987 fue elegido concejal. Doce años en la oposición fue la escuela donde se graduó “cum laude” Alfredo Jaime, que progresivamente había asumido importantes responsabilidades en su grupo municipal.
Su gran oportunidad, llegaría en 1991, gracias al pacto de colaboración estable y permanente firmado el 25 de marzo entre el PP y UPN, en cuya virtud los militantes “populares” disolvimos el PPN para integrarnos en UPN. El 26 de mayo de aquel año, Alfredo Jaime fue elegido alcalde con 13 escaños d los 27, gobernando en minoría. En 1995 resultaría elegido parlamentario foral, cargo que desempeñaría hasta 2007. En la recta final de su vida, Alfredo Jaime confesaba que nunca había soñado que aquel niño de familia humilde terminaría ocupando la alcaldía de Pamplona. Tomás Caballero, decidió encabezar la lista de UPN al Ayuntamiento de Pamplona. El 6 de mayo de 1998, ETA lo asesinó cobardemente. Aquel día, Alfredo Jaime, sin duda, lloró.
Jaime Ignacio del Burgo. Expresidente del Gobierno de Navarra.