Opinión

"Nos quitan las bicis mientras demonizan los coches. Han logrado romper con la empresa concesionaria, tras meses a la greña y nos han dejado a pie"

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Pedro Charro

Publicado el 16/02/2026 a las 16:36

Los auténticos “chauffards” (algo así como locos del volante) son los ciclistas, ha dicho el filósofo francés Alain Finkielkraut que, a pesar de ese apellido impronunciable, es un tipo notable, un judío militante en un momento en que no es cómodo y un agitador anti woke que reivindica los buenos modales, la alta cultura y los logros del pasado sin sentir vergüenza. 

Polemista muy presente en los medios en Francia, azote de cierto progresismo, ha dicho que porque soy de izquierdas ya no soy de izquierdas. Hace poco sacó un libro titulado “El pescador de perlas”, como la ópera, en el que recoge esas frases que apuntamos en un cuaderno, o en el móvil ahora, y vamos recopilando como pequeñas perlas. Yo también lo hago, a la espera de una buena ocasión. 

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Entre sus denuncias está la pérdida de buenos modales, lo que no es sino la ceguera ante los demás, el no respetar al otro, creerse uno con derecho a todo y pone el ejemplo de las bicis que van despendoladas por la acera, también en París. Van por donde quieren, en dirección contraria, se saltan los semáforos. Como ir en bici es salvar el planeta, dice encogiéndose de hombros, pueden hacer lo que quieran. 

Aquí las bicis y los patinetes a motor -lo que es todavía peor- nos pasan rozando por la acera, a todo meter. Al peatón le conviene seguir la línea recta. Yo solía coger la bici de alquiler del ayuntamiento, por cierto, y también he pecado en ocasiones, confieso, pero ahora parece que todo se ha ido al traste. Nos quitan las bicis mientras demonizan los coches. Han logrado romper con la empresa concesionaria, tras meses a la greña y nos han dejado a pie. A saber lo que nos espera ahora. También en Pamplona se nota la pérdida de modales, un mal de esta época; por todas partes falta cortesía, esa amabilidad que mejora el mundo. Basta subir al bus, donde a veces reina la bronca y malos modos, o escuchar los berridos nocturnos, peleas, la cháchara del móvil en todas partes, la agresividad que estalla y la falta de autoridad, esa que logra hacerse respetar sin necesidad de fuerza.

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